El martes 15 de setiembre a la noche sonó el teléfono. La voz de Beba,su esposa nos anunció que Héctor había muerto el 4 de setiembre. Conmovido, muy triste, cuando me dormí tuve un sueño. Estaba en el patio de la casa de don Angel. Yo solo, y con mi hábil pierna izquierda, la misma que hoy a mis 87 años me llena de problemas. Mis pies calzados con zapatillas marca Langosta, pateé una pelota de goma pulpo convirtiendo un 8º gol, en un arco formado debajo de un rojo banco de plaza. El arquero, un banquito de cocina puesto horizontal para hacer más dificil la conversión. Hecho el gol caminé en retroceso, llegué a la conjunción del patio con el corredor por donde entraba el automóvil de don Angel. Me detuve y me puse a llorar. Angustiado me desperté. Solo, así quedé en la realidad , ya que de todos los que conformaron familias, entrañables amistades, fraternales. Desaparecieron con Héctor los cuatro chicos de aliados. Desaparecieron mis dos hermanos. De los siete que nos juntábamos, aquí estoy intentando dejar una impronta anímica, sentimental. Excluyo biografía o caracterización profunda.Héctor y yo éramos un equipo bautizado esportivo caquita. Los rivales Horacio y Enrique bautizados Lipochin. Jugábamos con reglas precisas a 6 goles. Nos mantuvimos invictos en toda nuestra infancia. ¿Por qué en el sueño el nº 8?. No conozco numerología, mal puedo interpretar su significado. Sé que el 8 es signo de poder, de habilidad ejecutiva, capacidad de ejecución y mando.
La vida transcurrió. El fué arquero del seleccionado de fútbol del colegio Nicolás Avellaneda. Presumo tengo en algún lugar de mi casa un álbum del colegio y en una foto de las tantas está el con su gorra , sus rodilleras. La final jugada en el club Gimnasia y Esgrima, sección Jorge Newbery, la perdimos.
Héctor como sus hermanos fué parte fundamental de nuestras vidas. Cada uno de ellos ocupó un lugar, como nosotros en la de ellos. Lo veo pasar por la Av Libertador montado en su moto Gilera rumbo a Luján donde trabajaba como ingeniero industrial en una fábrica de carrocerías. Lo veo el día de su boda con su ejemplar mujer, Beba. Lo veo, lo veo, lo veo. Envejeciendo porque el tiempo, ese escultor inexorable nos atrapó a todos. Qué tristeza, solo puedo verlo en el recuerdo hasta que la memoria lo difumine, le quite presencia.
Juan Carlos, mejor dicho El Veji.

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