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24 de julio de 2011

Juan Bautista Aschero. Navegante y abuelo. 2º y última parte.

Juan Bautista Aschero y Blanca Lavagna 1920

Bianca,¿hallaría por fin el sosiego anhelado?. ¿Olvidaría aquellos reencuentros pasionales?.¿Las noches y noches de deseo y amor?. ¿Los tiempos de la emprendida aventura emigradora?. En adelante ella sería el centro de la dinastía. Viviría hermética, recordando, vigilando a los hijos traídos, a los nuevos hechos aquí. A los vivos, a los muertos. Al conventillo de la calle San Martín. La recova. La miseria. El trabajo rudo con prole a la par, hombro a hombro. Su nena sin muñecas. Una Argentina esplendorosa.¿Cómo igual se debía sufrir tanto?.¿Dónde esa América prometedora?.

El centenario; el cometa Halley; la semana trágica. Antes un tal Irigoyen. Antes un tal Palacios elegido por esa Génova-Boca, con reminiscencias de la suya. Los tranvías a caballo, los eléctricos. La luz de gas; la gran guerra con el mítico desastre de Caporetto, o la batalla de Verdún, discutida y dibujada por los teóricos circunstanciales sobre alguna mesa grasienta de fonda. Los primeros aeroplanos. Y aquellos Silimbani, locos acróbatas que en un trapecio, pendiente de un globo, paralizaban corazones en el Pabellón de las Rosas. La victrola con los discos de Caruso, Andrés Segurola, los esposos Gobbi o Juan Maglio Pacho. O aquel otro de etiqueta marrón.¡Ay si las palabras escritas pudieran trasmitir música!. ¡Si me fuera posible revivir las melodías grabadas en ese disco!. Escribirlas sin notas. Utilizar nuestro lenguaje. Tararearlas en el papel. O como un Debussy trastocado generar sensaciones con letras, como el lograba llenarnos de imàgenes con su música. De qué otra manera podría arrancar de los recuerdos, de ese disco perdido o destrozado, la tonada, como lo hacía la púa de la membrana con sonido metálico. Su melodía  atrapante nos persiguió toda una vida. La repetíamos obstinadamente con otra victrola en días de lluvia, refugiados mi hermano y yo en un cuarto altillo de la casa. Como si esa música nos obligara a soñar, a imaginar lo imposible, a desentrañar un misterio.Guardamos la tonada en nuestra alma para reencontrarla por pura casualidad tiempo atrás en un día de lluvia, que se tornó por esa circunstancia en hondamente emotivo. Dos danzas húngaras de Brahms encerradas en ese disco extraño, con rebarba en el borde que obligaba a saltearla para que la púa pudiera introducirse en el surco, en marcha espiralada hacia el final. En su transcurso, ojos húmedos de abuelo con mirada ausente. La corta duración de una de sus caras finalizaba bruscamente en un desvío hacia su terminación, casi en diagonal, abandonando la forma clásica, tenue, sutil de los demás discos. Exijo a mi memoria, a mis recuerdos y logro atrapar con nitidez las letras doradas impresas en el fondo marrón de su etiqueta. Parlophone. Josef Joachim el violinista intérprete, adaptador de la obra. Pasada del piano al violín. Así con más aire gitano, nada más. El resto se me esfuma, no logro saber los números, aunque me resultaría facilísimo identificarlas por cuanto las recuerdo perfectamente. Mas no se trata de eso. Es un desafío, un juego que no admite trampas metodológicas. Prefiero ignorarlo, mantener mis dudas. Es retomar una imagen con pureza sin subterfugios ni artilugios. Hasta donde mi memoria me lo permita. De ese cono de sombras rescato a un abuelo lacrimoso, imposibilitado a causa de sus manos temblorosas a darle cuerda a la victrola,depositar la púa en el lugar correcto, en insistencia obsesiva por volver a escucharlo. ¿Qué misterio encerraba esa música que tanto te obstinaba?.¿Qué mecanismos afectivos, emocionales desataba?. He repasado tus desconocidas trayectorias. Tu paso por el Bósforo, los Dardanelos, Constantinopla. Cuando llegaste al Danubio. ¿Fué allí?. ¿Un par de ojos claros en contraste con los oscuros y vivísimos de Bianca?. ¿Trenzas rubias?. ¿Otras pasiones y otra sirena en otro punto cardinal?. También ese disco fué para mi una magdalena. Sin perfume, sin sabor, mas con un sonido generador de recuerdos, nostalgia y fundamentalmente misterio. Para él no tuve clave alguna. Me fué imposible desentrañarlo, como lo hacía con aquel viejo baúl comprado en Turquía. Aquí fundaste esa dinastía de feriantes, renegando abuelo de esa otra posible de héroes y aventureros, de hombres de mar y mujeres de negro. Cerradas, clausuradas en la espera. Abiertas, florecidas  en celo al arribo. Criadoras de hijos de padres ausentes. Parideras de otros, luego de nuevas partidas.¿Qué debimos ser y no fuimos al decidirte emigrar,cambiar tu carrera?. ¿Cual tu verdadera estirpe?.¿Cual nuestro destino?. ¿Cual tu naufragio?. ¿Cual el nuestro, el mío?. ¿Debimos agradecer tu decisión?.¿Maldecirla?.

Viniste a estar, eso era más sencillo. Nosotros en cambio hemos tenido la dura obligación de ser. Nacimos.

De tus recuerdos, del mar salado, quedaron el gusto de tus lágrimas y las mías.

A tu nave la guardo en la botella de mi alma.

El tren traquetea a buena velocidad. Me paro cerca de la puerta del vagón para admirar mejor la Costa Azul. Partimos de Barcelona rumbo a Italia. Por fin llegaría al corazón de mis recuerdos, a su origen. El mío casi se detiene. Pasamos por el lugar amado. Leo el nombre tantas veces escrito en sobres destinados a parientes. Alguna vez la guerra, la ayuda. De pronto uno con recuadro negro guardando una muerte.Anunciado la tuya, abuelo. Savona, luego Génova. Por fin estoy al principio de la historia. No puedo creerlo. He venido hasta aquí como tantos otros descendientes de inmigrantes, por hallar parte de mi origen, de mi identidad. Los otros trozos del"puzzle" en Calabria y Venecia. Recorro la ciudad, su puerto. Veo la lanterna, su faro. San Pier D'Arena. Aún Staglieno. Sí abuelo indefectiblemente debías ser navegante. No haber tenido esa, tu historia, tu leyenda, pienso no habrías vivido, ni aún nacido. La bella Génova, su mar no podía engendrar para los ojos profanos otra cosa que generaciones de marinos. Me aguardaban emociones inesperadas. El contacto familiar, el llamado telefónico a Savona, la visita. Me esperaba un calco de Bianca, hablando igual, cocinando igual. Abrazada a mi como si nos conociéramos de siempre, sin habernos visto jamás. Destinataria de cartas que en mi infancia y juventud despaché hasta el cansancio. Corporizada ante mis ojos. Sirviéndome los mismos y ancestrales  tallarines verdes. La música de su voz sonándome en genovés emocionante. Abriéndome álbumes con fotos, las mismas, iguales a las guardadas en casa. Una vitrina, presentes, testigos del pasado. En cada álbum la reproducción de todo lo sucedido. Lo ya vivido. Calcos, duplicados de momentos felices de nuestra pertenencia enviados, encerrados en sobres despachados por mí tantos años atrás. Las mismas vivencias en sepia. Familia argentina numerosísima, con abuelo y abuela italianos, sentados en el centro. Patios, parrales, bodas de oro registradas con fogonazos de magnesio. Algunas de ellas mostrándote en tu final, abuelo, cuando ya se movía tu tierra-barco. Cuando te era tan difícil permanecer en pie. Ridícula ironía del destino. Cuando supiste en otro tiempo soportar rolidos imposibles.¡Pasaron tantos años!. Allí en Savona, entre palabras genovesas y una Bianca más joven, parecidísima a la verdadera, intercambiando recuerdos, vivencias, sentimientos. Esa extraña y única sensación personal al llegar a las fuentes. Reproducida hasta el infinito en todos aquellos que como yo, al bucear sus orígenes, hicieron más o menos lo mismo, en uno de los más importantes y hermosos privilegios concedidos por Júpiter.

Ella, Bianca revivida me dijo- "hacia allí, por ese lado, en un lugar bastante indefinido, ahora inexistente, alguna vez la casa donde nació tu madre". Más allá de los ventanales, de los vidrios, la playa, el mar. Pensé en ese lugar impreciso, vago, donde alguna vez llegó el abuelo en reencuentros engendradores de tíos, de ella, la única mujer entre tantos varones.

La playa donde la sirena Bianca orientaba la brújula, la proa del velero. Haciendo que el viento rotara y soplara con fuerza, aumentando la velocidad de los nudos, hacia la urgencia de una pasión derramada en crujiente lecho. Fieramosca corta las olas. Resuenen tus aparejos, llévalo con rapidez, ella lo espera. Hay un trinquete inoportuno desprendido de una verga. El paño no se hincha lo suficiente, a pesar de navegar a vela desplegada. La arena se agota. Tu retardo puede cambiar todos los destinos. Deberás llegar exactamente el día y la hora predeterminadas. Deberás volcar tu amor reprimido con precisión de relojería. El óvulo fecundado por uno entre millones. Hará que en el futuro otro óvulo sea perforado por uno entre millones. Inexorablemente. Se encadenarán en sucesivos actos casuales con causa y efecto. Yo, un resultante,

"He ordenado que hoy al mediodía, dice Júpiter, Vasta, la mujer de Albenzio, mientras se quiere ensortijar los cabellos de las sienes, por haber calentado demasiado el hierro, venga a quemar cincuenta y siete de ellos; pero que no se escalde la cabeza, y que por esta vez no blasfeme cuando sienta el hedor, sino con paciencia lo tolere. Que del estiercol de su buey nazcan doscientos cincuenta y dos escarabajos, catorce de los cuales sean hollados y muertos por el pie de Albenzio, ventiseis mueran dados vuelta y ventidós vivan en cavernas, ochenta vayan en peregrinación por el corral, cuarenta y dos  se retiren a vivir bajo el tronco próximo a la puerta,diez y seis vayan vaciando los cogollos por donde mejor les caiga comodo y que el resto corra a la redonda... la perra de Antonio Davolino conciba cinco perrillos...Que el cuclillo se oiga cantar desde la Starza y no deje escuchar ni más ni menos que doce cucúes...Spaccio de la Bestia Trionfante. Diálogo 1º parte 3º. Giordano Bruno.

Jupiter, tus órdenes se cumplieron rigurosamente sin margen para ninguna especulación. Todo al azar, toda la casualidad fué planificada hasta en el más mínimo detalle, cumplida con asombrosa precisión. El viento sopló a tantos nudos de tal punto cardinal. El trinquete inoportuno u oportuno deprendido de la verga. El paño no hinchado suficientemente a pesar de la vela desplegada, o en todo caso hinchado exactamente como correspondía a despecho de las impaciencias del marino. La marea a tal altura. El amarre en tanto tiempo. El primer coche perdido para llegar desde el puerto a casa en un segundo vehículo. Los hijos alborotados por la presencia del padre, demoran en dormirse, retardando el acto urgente. La sobremesa más prolongada que de costumbre, quizá para disimular impaciencias. La puerta del dormitorio cerrada con nervioso sigilo. La lámpara no apagada al primer soplido. Los botones que se niegan a desprenderse, arrancada la ropa casi con brutalidad. El ruego de Bianca afortunadamente desoído, de esperar una mayor tranquilidad en la casa. Un mayor silencio, la noche más avanzada..La penetración imperiosa. El gemido, el placer de ambos. El animal de dos espaldas y el uno entre millones rumbo a es óvulo único, elegido, origen de la más hermosa. Aquella que en Buenos Aires seduciría a un hijo de inmigrantes, mitad calabrés, mitad veneciano, en un futuro,en ese instante imposible de imaginar. Para que aquel marino, convertido en feriante, diera con su prole en un conventillo de la calle San Martín. Allá, a fines del siglo XIX cuando el XX alboreaba y moriría un Verdi, deleitador de sus oidos en discos de pasta pasados en aquel fonógrafo.

Cuando otra pareja italiana, ella veneciana, de noble casta, él calabrés analfabeto, albañil en la construcción de la Casa Rosada, comerciante, también desbordante de pasiones, fabricante de hijos, recalaban en el mismo conventillo. Familias numerosas, chicos mezclados jugando, conociéndose, compartiendo miserias y trabajos. Alegrías y tragedias. Enamorándose, entreverándose. Ella la hermosa, con aire de sirena, transportada su mitad en aquel viaje de Fieramosca en los genitales de Giovanni. Su otra mitad aguardando en el seno de Bianca. Por esa lámpara que tardó en apagarse, por esos botones rebeldes, por esa bendita casi violación.

Júpiter, los niños tal como lo ordenaste se harán hombres, mujeres. Algunos quedarán por el camino, serán los primeros escarabajos. Dos de ellos, en cambio eludirán el pisotón, caminarán a campo traviesa, transitarán por la vida, no serán aplastados por ningún pie hasta que hayan engendrado a otros tres , estos crezcan y les den nietos. Luego sí, serán aplastados por la muerte. Primero él, luego ella., aunque se hayan escondido en el tronco de la lejanía y el tiempo.

Juan Bautista Aschero. Datos biográficos.

Nació el 5 de diciembre de 1859 en Savona, Génova, Italia. Se casó con Blanca Lavagna. Tuvieron siete hijos nacidos vivos. Cinco, incluída la única mujer en Italia. Los dos últimos en Buenos Aires. Llegaron a la ciudad el 3 de agosto de 1896, aunque desembarcaron en el puerto de La Plata. Inmediatamente Juan y Bianca comenzaron a trabajar como verduleros en el hoy desaparecido mercado Florida, en plena calle homónima. A esta ocupación fueron sumándose los hijos varones. La nena Vicenta quedaba en la pieza del conventillo, sito aproximadamente donde hoy se erige el Kavanagh, encargada de las tareas domésticas. A medida que pasaron los años, todos fueron progresando haciéndose prósperos dueños de carnicerías y verdulerías. Alrededor del año 1910 se trasladaron a la casa de su propiedad ubicada en la calle Belén 755, barrio de Floresta. La llamaron Villa Blanca. A fines de l927 se mudaron a la casa recién inaugurada propiedad de Nicolás y Vicenta, mis viejos. El 5 de mayo de 1936 murió Juan Bautista. Bianca lo sobrevivió hasta el 24 de junio de 1957.

Como puede apreciarse esta ha sido una vida común y corriente. Gris sin mayores méritos visibles como para adquirir entidad, valores. Su importancia es afectiva y la aquilatamos quienes fuimos sus descendientes. No resiste cotejo alguno con la de aquellos otros italianos de destacada actuación en el crecimiento y desarrollo de nuestro país. Mi abuelo no fué universitario, ni catedrático, ni empresario de éxito. Tampoco fué hombre de letras, artes, ciencias. Ni filántropo fundador de entidades de bien público, o donante de obras de  beneficencia. Solamente un anónimo padre de familia, feriante y ex marino. De todo lo que fué he tratado de dar algunos  pantallazos mínimos. Pequeños reflejos, algunas vivencias. Chispazos cuyos destellos no trascenderán más allá de mis sentimientos. Al haberme animado a contar un trozo pequeñísimo, mínimo de su existencia, además murió cuando yo tenía ocho años, he querido destacar el importante papel que jugaron millones de vidas grises, oscuras, a las que siempre se les ha rendido homenajes genéricos, brindando reconocimientos englobándolos en la honrosa categoría de inmigrantes, pero en expresiones totalizadoras, ha sido imposible individualizar una, destacarla, saber realmente como se desarrolló, que sucedió. Mi abuelo fué una hormiga más en el gran hormiguero. Pero para mí,de allí todo este atrevimiento, transgresión u osadía, fué un ser fascinante, al que sigo recordando como se infiere con total veneración, por encima del valor real de su personalidad y de su vida.

Veji

Pensado en enero de 1992.

16 de julio de 2011

Juan Bautista Aschero. Navegante y abuelo. Parte 1º

el 1er y ultimo emigrante

 

Voy a contar una pequeña historia poco original, común, quizá vulgar. Es parte de la vida o leyenda de un hombre anónimo, de un hombre más. Como en este caso carece de significación y entidad suficientes para lograr trascender, seguramente la opinión crítica hallará componentes corrientes, motivadores de reflexiones o conclusiones que podrían inducir a descartar su lectura. Hay en estas palabras escritas, plenas de subjetividades la premeditación de relatar aspectos o rasgos de una de las tantas vidas  cargadas de esfuerzos, ilusiones, hijos, llegados a nuestro país a fines del siglo XIX. Esa generosa corriente inmigratoria dispuesta, junto con otras razas y nacionalidades, a poblar tanto descampado, tanto desierto, a llenar tanto espacio vacío. Cuando partir de la patria, del amado "paese" era romper definitivamente con ella, con la familia, los padres. Seguramente no verlos más. Iniciar una aventura arrastradora de seguidores dispuestos a sumarse en torrente al éxodo. Otros parientes, otros amigos se animarían luego, detrás de los adelantados. Con las primeras noticias llegadas de la lejana América, las fantasías por delante, toda la  realidad sobre las espaldas.

Mi abuelo, de él se trata partió de Génova rumbo a Buenos Aires. Su último viaje, su primer barco a vapor. Antes, surcador de mares, bebedor de vientos en veleros de ensueño.

Allí en un cajón de la cómoda, un estuche de madera en forma de tubo. En su interior agujas para coser velas. Un foque, un trinquete, una mesana, cualquiera. Da lo mismo sean cuadradas o latinas. Y una manopla de cuero con una especie de dedal en la palma para empujar esas agujas. Hacer fuerza y atravesar los paños desgarrados. Aprehender el aire. Impedir fugas mermadoras de velocidad. Todo el viento apresado, aún la más mínima brisa impulsando a la nave por rumbos mediterráneos. Atrevidas singladuras más allá de Gibraltar. Incursiones atlánticas.

Una cerradura que suena cual caja de música. Atento el oído porque la llave gira y gira sin lograr su cometido. Solamente arrancando notas iguales, monocordes, mas no consigue abrir el baúl comprado en Turquía. Existe una sutil diferencia. En un instante girar la llave hacia el lado opuesto y el milagro se produce. Queda expuesto su interior. Ese cofre de madera marrón, manijas de cuero aviborado y todo el misterio de un lejano y exótico país, excitando la imaginación infantil. Aunque ya conocíamos de antemano su vulgar contenido. Baúl, testimonio irrefutable de la leyenda tejida sobre el pasado de ese abuelo navegante. O aquella bala de cañoncito aprisionada entre libros, sobre un estante de la biblioteca. Entre novelas que nos hablaban de otras aventuras incapaces de superar aquellas vividas, fantaseadas por ese hombre rubio, de ojos claros. Alto, bello, varonil. De voz suave y dulce. Aventuras posibles o imposibles anidadas en nuestro febril pensamiento, influidas por islas del tesoro, mosqueteros y robinsones. ¡Cuantas veces tomé en mis manos aquella pesadísima bala para mis pocas fuerzas de niño enfermizo!.¡Cuantas batallas soñé y la transformé en protagonista!. Allí va en trayectoria certera destrozando mástiles, derribando vergas, horadando maderas, perforando babores y estribores. Curiosamente  acompañada en mi fantasía con imágenes de cine mudo de un Douglas Fairbanks, Rodolfo Valentino o a Ramón Novarro con Ben Hur que no tenía absolutamente nada que ver con el tema.

Supe que una de sus naves se llamaba Fieramosca. Nombre dudoso. Juan Aschero, mi primo lo mencionó en sus poemas Con gusto a sal, dedicados a este abuelo. Igual Fieramosca fué un personaje que existió. Luchador italiano de la resistencia durante la ocupación napoleónica.Que él comenzó su carrera a los doce años como grumete, pero que nunca llegó a capitán, se detuvo en el penúltimo escalón. Su frustración en parte resultado de su decisión de emigrar. Acosado quizá por pagas insuficientes. Deslumbrado por los rumores llegados de América. Un fugaz contacto con las playas brasileñas inclinó el fiel de la balanza. Era un supuesto fracaso que aumentaba su aureola de leyenda y el respeto por su imagen. Porque todo lo había dejado. Una carrera lógica para nosotros sus nietos. Génova con los mejores cartógrafos del Mediterráneo. Savona, Malocello, Di Recco entre otros. Colón. El...¿qué otra cosa sino navegante podía ser?. Jamás logré pensarlo al frente  de un puesto de verduras en el desaparecido mercado Florida. Ese era otro hombre,  inexistente. Nunca el que yo podía imaginar. Pero ese ser inexistente para mis sueños era tangible, real. fundador de familia, procreador de hijos, perseguidor de una abuela dura, durísima, también genovesa, de estirpe despertadora de pasiones. Víctima y beneficiaria de un fuego por ella encendido y alimentado. Luego, amargos lamentos por una paz en el lecho jamás lograda. El precio por tener a su lado al más bello de los tres hermanos, los más hermosos del puerto. El de las largas ausencias. En regreso a la simbólica tierra de las sirenas. En un Fieramosca de proa a Savona. La brújula apuntando a un punto cardinal con forma de mujer, con voz y canto de Bianca.¡Rosa de los vientos, orienta las brisas en la dirección deseada!. Levar anclas, partir a navegar nuevos conocidos mares, nuevas conocidas costas. A dejarla con un nuevo embarazo. Mis tíos, mi madre. En abandono con prometido regreso, diferente de ese otro reiterado en apasionadas vísperas nocturnas..¿Como eran las pausas, las ausencias cuando ya en tierra, en este Buenos Aires disponías de todo el tiempo para seguir multiplicándote?.¿Cual tu barco para llegar al conventillo de la calle San Martín en cortos viajes desde el mercado?. ¿Como invocabas e imaginabas a tu sirena, ya no tan niña mujer, más ajada?. ¿Qué efecto te causaba esa otra brisa ribereña sin el menor gusto a sal?

Abuela Bianca, con tu niñez desapercibida. Cargando ladrillos en el horno, en Savona. No es de extrañar esa, tu tarea infantil. Génova es ladrillos, como es mar. Basta echar un vistazo a la "Soberbia" para comprender su papel decisivo en la composición de sus edificios. Mármol, pizarra y esencialmente ladrillos. Bianca, como tantos otros genoveses ganaron sus salarios en los hornos, "i  fornaci", y atribuía a esa precoz y lejanísima tarea, ciertos achaques seniles. Como dije, cargando ladrillos, lavando en la vera del río. No siendo nadie, ni para él, algo mayor. Jamás reparó en ella hasta que fué mujer. Amasando y amasando pasta. Dando los primeros pasos hacia una cocina genovesa que nos deleitó siempre. Lamento no tener el arte talento y originalidad de Marcel Proust. Mis magdalenas,sus sabores, olores, fueron tallarines blancos y verdes  amasados a mano, cortados a cuchillo. Ravioles marcados a dedo. Espesos minestrones de ingredientes preparados y seleccionados con minuciosidad de artesano. Esa maravilla de buen gusto, punto sabroso, perfección de asombro en cada plato. Simple, popular, común, único. Me atrevería a afirmar hasta refinado en su sencillez. Increíble manejo de la albahaca, del ajo.. Renace, reaparece con todo el encanto proustiano cuando aún hoy se vuelcan en una olla aquellos componentes que por tradición y receta en mano, colocamos en ceremonia entre misteriosa y secreta. Recomponiendo recuerdos, disfrutando lejanos momentos hoy llenos de ausencias.

Y al levantar la vista, en un alto de mi escritura lo veo a mi abuelo en un retrato. Me mira, ensaya ciertos visajes.Me dice cosas. Percibo, aprehendo su ternura. Sé es una ampliación de otra, de un conjunto. Toda la tripulación. Todos marineros. Entre tantas cabezas, rostros anónimos, la de él. En gris  borroso, con aire garibaldino. Gorra ladeada hacia un costado. Mechones ondulados asomándose,cubriéndole en parte una frente que recuerdo despejada. Apenas un bosquejo de cejas.Por debajo de ellas sus ojos cielo, mar. Y una remera oscura, desbocada,inclinada hacia el lado opuesto de la gorra. Boca perfecta, boca babeante. Manifestación de una vejez parkinsoneana. Expresión de una juventud apasionada, cubriendo de besos,recorriendo ávidamente el deseado cuerpo de Bianca.

¡Su voz!. ¡Cuanto esfuerzo para recordarla!. Esa boca se abría para llamarme, su nieto preferido. Portador de su primer nombre. Destinatario de sus afectos y mimos. Satisfaciendo mis gustos y caprichos. Comprándome mis primeros juguetes. Fuí heredero de sus recuerdos, sueños y algún gesto póstumo. Emitía mi nombre con sonido apenas audible,apagado, en genovés argentinizado. Transformador involuntario de palabras y fonéticas. Creador de nuevos idiomas.Palabras con  aroma y sabor, convertidas en suburbio y lunfardo. En barrio y compadritos. Faroles, recovas, cuchillos, arroyos, milongas, tangos. En su hablar ellos, mi abuelo, agregaron inconscientemente términos que se integraron al paisaje, la tradición, la cultura, las costumbres. Esa boca perfecta se abrió innumerables veces para eso, sin saberlo. En las voces populares, en nuestro idioma, su voz, la de todos.La otra, su otra tronó encubierta, en instrucciones, mando, maldiciones. Asegurando rumbos, encarando tormentas. Ordenando el alije urgente para hacer zafar a la nave de peligrosas varaduras. O dialogando en puertos. Entonando en bodegones canciones blasfemas. Amenazando entre  licores en algún remoto cafetín con el hundimiento de una daga en riñas interminables. O susurrando en ese amado oído palabras urgentes u obscenas. En exigencias de entrega a la que ella se le ocurrirá inacabable. Bianca, no te acerques en su lecho de muerte. En su agonía aún intentará palparte.

Igual que una nave la tierra se movía. Mas ya no era el mar, era la vida. Castigándole en enfermedad, oscilando bajo sus pies. Y un cielo oscuro, negro, preanunciando la tormenta de la muerte. Los vientos del espanto. Los truenos del más allá. Trémulo, babeante. Las crueles huellas del Parkinson. Su mano férrea para tirar cuerdas, sostener timones, apenas para aferrarse a un bastón. O para tomarse de la mía y llevarme por calles-mundo en historias lejanas, bellísimas. La costa del Brasil, el Mar Negro, Odesa que alguna vez haría famosa su escalera. El mar... Ciudades de nombres descubiertos para mis oídos introducidos en mi mente y mi memoria. Viajábamos juntos en el tiempo y el espacio. Nos cruzábamos con peces voladores, serpientes y monstruos marinos, sirenas. Tan bellas, atractivas, seductoras. Rubias de pechos prominentes. Asomaban a sus ojos en estas historias chispazos de picardías. Siempre en ese velero surcador de aguas, hendedor de olas en osadas derrotas.

Lo imaginaba con velas desplegadas al sol. Sacudido por tormentas. Inmóvil en calmas interminables a pesar del paño completo. Anclado en alguna bahía a la espera de perfumadas cargas que llenarían su vientre. O me trasmitías  los olores de comidas rancias, los densos vapores del alcohol, la brumas del humo de un tabaco barato, consumidos en remotos figones. Porque en nuestros sueños dábamos la vuelta a un mundo desconocido. Casi sin datos para imaginarlo, inventándolo. Hoy al recordar esa época creo confundir sensaciones. Porque el tiempo, la vida me han  sumado subjetividades que me impiden reproducir diafanidades y purezas infantiles. Cargo con años, cultura en cantidad suficiente para deformarlo todo, y de insistir en esta línea recuerdo, arruinaría las vivencias irremisiblemente.

Hay momentos que me detengo  a pensar en toda esta historia. Cuanto tiene de verdad sobre la vida de mi abuelo. Cuanto de fantasía sobre sus viaje, sobre su verdadera identidad. Como cierto orgullo familiar la sobrevaloró, la fué deformando. Las fuentes se ha secado, los testigos están muertos. Está si mi viaje a Savona, documentos, el reencuentro con el pasado con parte de los orígenes. Resultará así un relato lineal, salpicado por momentos de reflexión o de suposiciones. Donde la casualidad destino marca una inexorabilidad ineludible. Cada uno de nosotros pieza, engranaje, cumple su papel sino. Por momentos me parece contar algo que viví mucho más seguramente  que no viví y al decir no vivir no me refiero a ser partícipe de una leyenda, co-protagonista, sino en modesto depositario de bosquejos, pincelazos de ella. Receptor partícipe, sobre detalles de una tradición oral formadora de recuerdos, alimentados por mi propia imaginación. Su impronta en mis sentimientos, definitiva. Cuando  recuperamos las imágenes del pasado afloran emociones aparentemente dormidas,sensaciones, momentos irrepetibles.

Y al dejar de llover en esa tarde de verano,un reencuentro en la vereda para aprovechar el torrente de agua que corría junto al cordón. Los chicos hacíamos y botábamos barquitos de papel, que en parodia de navegación eran arrastrados velozmente para deshacerse, hundirse más adelante. Protagonizaban pequeñas carreras. Los veíamos alejarse empujados además por nuestras ansias de triunfo, luchando por ganar. Al depositarlos sobre esa agua sucia los bautizaba  transformándolos en revivivos fieramoscas. Honor al barco de mi abuelo. Allá, en una boca de tormenta papeles, remedos de barcos. La tarde ya se transformaba en noche. Los juegos fantasías, mis fieramoscas yacían olvidados en la esquina. He rescatado de mi memoria todos aquellos barquitos y al verdadero. Me pregunto si este relato no es más que eso. Un juego fantástico, o más modestamente fantasioso, alimentando mis deseos de saber realmente quien soy, y si aquel hermoso velero, surcador de mares, hendedor de olas, parte de un pasado definidor de un futuro, no fué más que un simple barco de papel.

Ignoro, imagino, ya no existirían a bordo relojes de arena. Creo recordar vagamente que alguna vez me contaste, abuelo, tenías uno guardado en tu camarote. Medías el tiempo, tu tiempo de otra manera. A veces dabas vuelta la ampolla sin esperar el paso de toda la arena roja, apresurando un transcurrir de horas, impulsado por la impaciencia del regreso. Arena de origen misterioso, capaz, grano a grano de medir las vidas. Supe de esa tradición para contar las guardias, las tareas marineras, todo y eso era acompañado por el tañido de la campana de cubierta. Principio para las guardias, fin de las guardias. Tiempo de moroso pasar y un tañido incorporado a tu vida. Como el silbido del viento, el olor del mar, sus olas,  sus tormentas, su sol. Grano a grano tu vida transcurrió, se fué deslizando. Los veías caer desde la parte superior del reloj, y al acabarse podías imaginar tu fin, comprender quien eras.

Te veo sentado con Bianca parada a tu lado y un perro a tus pies. Tu reloj de arena se agotó. El tiempo se detuvo en esa fotografía. Nadie se molestó, se tomó el trabajo de dar vuelta la ampolla.

La sangre corría por la escalera de mármol blanco, ahora teñido de rojo. Aún te veo sentado. El vaso roto de una pierna, el autor del desastre. Pálido, sereno indicando un oportuno torniquete hasta el auxilio definitivo. Piloto en tempestad irremediable. Luego nuevos traspiés. El planeta nave oscilando cada vez más. Aumentando sus rolidos, el aullido del viento. Pequeñas tormentas anunciando la definitiva. Marinero es inútil tu refugio en el camarote. La tempestad arreciará y te alcanzará donde te halles. Ha llegado la hora del naufragio.

Cuatro caballos negros. Me pregunté como serían los de mar.¿Dónde los hipocampos?. Por qué no estaban allí. Por qué un cortejo sin sirenas, sin gaviotas, sin aire salobre. Sin arenas, anclas, quillas, velas. Sin marineros , timones ni fieramoscas. Sin caracolas. Ausentes todos. Presentes en mi alma que los veía partir tras esos cuatro caballos negros. Chisporroteando herraduras en adoquines pulidos. En un mayo tibio, casi primaveral. Mi calle arbolada. Mi barrio. Sin mar.

Adiós abuelo.

Fin de la primera parte.

 

Veji

16 de octubre de 2010

Discos Antiguos del abuelo Juan Bautista Aschero

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Discos pertenecientes al abuelo Juan Bautista, quedaron en poder de Billy. Datan de la década de 1910 es decir alrededor de 100 años. Al escucharlos se me conmueve el alma y me lleno de recuerdos ya que los escuchábamos Billy y yo en la piecita de arriba, en Montañeses con la victrola a cuerda,en días de lluvia cuando faltábamos al colegio. Con paciencia recuperaremos todo lo disponible y se lo brindaremos a la familia. Veji

Aportado por Gustavo Gargiulo


Perdonen Por la publicidad al principio de cada canción pero es que este servidor (GOEAR) ha agregado publicidad cada vez que incluimos las canciones en los blogs.
Juanca

28 de enero de 2010

Una serie sorprendente V

1

 

2

 

3

 

1  El abuelo J.Bautista, Billy y Veji  en Montañeses, fecha ??   1931, 32.

2  Dunin, Billy y Veji en el porchecito de entrada de Montañeses, fecha aproximada 1929, 1930.

3  Veji disfrazado de cocinero , fecha ? 1932, 33.

25 de diciembre de 2009

El bastón del abuelo

 

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Lo ví creo en la casa de mis padres en Córdoba, alguna vez en Pigüé en manos de Billy. Casi desapareció de mi memoria, pero a raíz de su muerte pensé en algunas cosas comunes de otros tiempos. Los discos del abuelo que él tenía archivados, fotografías del pasado, y de pronto reapareció el bastón. Lo recordé, lo imaginé, lo pedí. Antes, desde principios del 30 hasta el 5 de mayo de 1936, en las manos vacilantes del abuelo. De aquél genovés alto, magnífico, a un anciano tembloroso, presa del parkinson, babeante pero lúcido.¡Qué dolor moral y físico sentiría!.De majestuoso a casi insignificante. Billy bastante robusto le extendía sus dos manos y él así se ayudaba a levantarse de las sillas. Bastón en mano emprendía sus limitadísimas marchas. Dejaba rastros de baba y algún caramelo de leche medio chupado pegado en cualquier parte. Con voz muy tenue me llamaba ninín. El bastón de mi abuelo. Macizo, grande, duro. Su empuñadura la cabeza de un ave de rapiña, de pico voraz.ojos negros, redondos a ambos lados en mirada escrutadora. Me apoyo en él con mi brazo izquierdo, no podía ser de otro modo. Lo tendré a préstamo hasta que me muera. Luego volverá a su actual dueña mi querida sobrina Chacha. Destino, su hijo más chico. Pero a no impacientarse, trataré en retardar lo más posible el acto de devolución.

Veji

24 de diciembre de 2009

Foto Familiar

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Bodas de Plata del Tío Pineto y Tía Catalina (Aschero + Gargiulo) Noviembre 1934, Patio de la casa de Montañeses.
De arriba para abajo y de izquierda a derecha:
Juan Aschero, Tío Federico Zucca, Carlos Aschero, Antoñito (amigo) al lado Oscar Corradi, Honorio Bissio, Atilio Gargiulo, Miguel Aschero, Pedro Corradi, Angel Ferreiro, Abuelo Nicolás , Antonio Gargiulo.
(Amiga), Mercedes Ferreiro, Abuela Vicenta, Tía Marietta, Jorgito Aschero, Tío Gaitanín, Tía Pilar, Chiquita, Amiga, Pochocha, Amanda Corradi, Isolina Pérez ( amiga), Zulema Aschero,Mimito Aschero, Dunin,  Blanquita Aschero ( h.tío Berto) , Chunga ( Sara), Tío Negro (Luis Gargiulo), Emma Gargiulo.
Tía Rosa Gargiulo ( esposa H. Bissio), en brazos Gogui, Tía Severina (esposa de tío Negro Md.Plata) en brazos Tita, Tío Berto ( Bartolomé Aschero), Barba Gaitanín ( Lavagna), Abuela Blanca Lavagna, Tío Pineto, Tía Catalina, Abuelo Juan Bautista Aschero, Tía Argentina Gargiulo (esposa P. Corradi) , Tía Juana ( esposa Tío Benito , madre de Miguel Aschero).
Horacio Ferreiro, escondido Negrito Bissio, Chona Bissio ( h. Tía Rosa). Nelly Corradi, Negra Gargiulo (h, tío Negro Md.Plata), Billy, Chochó ( Zucca, h. de Emma y Federico) , Veji, Héctor Ferreiro, Enrique Ferreiro, Cota ( Nélida Ferreiro).
DSCN3966 Tío Pineto y Tía Catalina los homenajeados, al pie La Negra, Billy y Chochó.
DSCN3972  Mimito, Dunin, Blanquita.
DSCN3967  Veji con Héctor y Enrique Ferreiro.

La entrada de hoy está dedicada a Billy, le hubiera gustado verla.

Datos y foto aportados por Veji.

4 de noviembre de 2008

Juan Bautista

Que linda expresion y ademas cara de buena gente