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28 de septiembre de 2013

Aspectos de mi adolescencia pasada en Montevideo

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"Hace ya mucho tiempo pero alguna vez fui joven"

Si, son mis reflexiones porque la memoria insiste en hacer aparecer recuerdos e imágenes de otros tiempos, de aquellos llenos de juventud, del despertar. En parte ese asomarse a la vida que bullía en mi interior, transcurrió en Montevideo. El cruce al Uruguay era una hermosa aventura, no porque significara riesgo alguno, sino porque la imaginación abría expectativas hacia lo desconocido, en especial por el medio de transporte a utilizar.Corrían los vapores de la Carrera,el Ciudad de Buenos Aires y el Ciudad de Montevideo a hélice, el Gral. Alvear, el Gral. Artigas a rueda colocadas en babor y estribor.Viajábamos en camarotes de primera mi hermano y yo, acompañados por un mayor, habitualmente nuestro padre. Partíamos llenos de expectativas de nuestro domicilio en el automóvil del socio de nuestro padre, don Ángel Ferreiro, un Chrysler precioso, grandes faroles, capota plegable,en su interior además de los asientos clásicos, trasportines. Así llegábamos al puerto, dársena Sud, cerca de la vuelta de Rocha. El cruce también se hacía vía Colonia , de día en un paquebote más moderno, el Ciudad de Colonia. Todos pertenecían a la compañía Mihanovich. Alguna vez utilizamos esta ruta.

Pasadas las fiestas de fin de año, en plena vacaciones de verano nos íbamos para quedarnos un par de meses, en intercambio familiar con aquellos uruguayos que cruzaban a Buenos Aires  para hospedarse por importante tiempo en nuestra casa. Esos parientes, apellidados Marna eran genoveses de la rama materna. Mientras nuestros abuelos los Aschero - Lavagna se radicaron en Bs.Aires ellos al poco tiempo se afincaron en Montevideo, en el cinturón verde de la ciudad. Allí como quinteros la mayoría, luego en su propia diáspora familiar se ubicaron en distintos lugares con variados oficios. Pero el núcleo principal se situó en el Km 21, Villa García, camino a Pando. El cabeza de familia Marna, estaba casado con la hermana de mi abuela Blanca Lavagna esposa de mi venerado abuelo Juan Bautista Aschero, padres entre otros de mi madre Vicenta. Volviendo al viaje en vapor la oscuridad de la noche solamente era quebrada por la luz intermitente de las boyas señaladoras  del rumbo a navegar, y las luces propias de la nave. El río-mar sonaba con sus olas agitadas, rotas por la proa del barco, el sonar de las ruedas movidas por cigüeñales impulsadas por vapor. Esa nocturnidad misteriosa para quien la experimentaba por primera vez, indefectiblemente nos remitía al recuerdo del drama del América incendiado en un cruce de cuyo héroe Viale se encuentra su estatua en la costanera sur. Famoso por su acto de coraje y desprendimiento cuando se oyeron las palabras del capitán "sálvese quien pueda", Viale, despojándose de su salvavidas, se lo entregó a una mujer diciéndole "sálvese usted señora".

Pasada la noche entera, consumida en el cruce, durmiendo en confortables y antiguos camarotes el amanecer nos encontraba sobre cubierta para apreciar no solo la llegada al puerto, vislumbrar la silueta de la ciudad, su famoso cerro, el color del agua río-mar. El paisaje tenía un agregado inolvidable. Allí estaba semihundido, porque el lecho barroso no era profundo, el Acorazado Graff Spee. Duró años, lo fueron desguazando y sus partes sufrieron distintos destinos. En uno de mis viajes en la casa de un pariente que tenía una herrería de caballos cerca del hipódromo Maroñas me dijo, ves botija estas herraduras son del metal del acorazado.

Hecho nuestro desembarco, tranvía primero y ómnibus después llegamos a nuestro destino. Atravesamos la tranquera entrada y  se nos antojaba un largo camino bordeado por filas de árboles perfectamente alineados., llegamos a las casas. Hago memoria. una serie de casas rancho de adobe, techo de paja, piso de tierra. Una gran cocina, un quincho que se lo usaba de comedor donde nos sentábamos a comer el grupo familiar, los peones, nosotros y algún visitante ocasional. Tenían un horno para hacer el pan, elaborado  2 o tres veces por semana por un miembro de la familia llamado Manuel esposo de Josefina Marna. Una construcción de material, en ella un baño para ducharse con una lata colgando, en general llena de agua fría y con el jabón blanco marca Bajo . Un gran galpón, nuestro refugio en los días de lluvia. Había una máquina de desgranar choclo,  herramientas,cajones donde se embalaban los  frutos de la quinta que iban al mercado central de la ciudad en un camión Ford A. Lo conducía y comerciaba Gaitán Marna. Lo recaudado era entregado religiosamente a la madre, la Lala Marna.

Disponían de un automóvil también Ford A, bicicletas, con una de ellas hicimos Mingo Marna y yo largas giras que me dejaban muerto por pedalear entre las clásicas cuchillas del campo uruguayo. Mi hermano y yo también paseábamos con una carreta destinada a cargarla con lo que se iba cosechando. Con dos bueyes, Madruga y Temprano tostados con manchas blancas los uncíamos al yugo atándolos con tientos y luego con una caña picana los conducíamos con voces y si queríamos doblar a la izquierda con una soga atada a la oreja izquierda del buey del mismo lado,tirábamos de ella. Para girar a la derecha al mismo buey, también en su anca del lado izquierdo lo picaneábamos.Con esos mismos bueyes pasábamos la rastra en los lotes que habían sido preparados y abonados con guano  llevados en bolsas. Con ellos también se araba con con una sola reja, también se usaba un caballo y un buey grandote blanco y negro llamado Contento, pero sin yugo sino con un arnés en el pecho. En la descripción de todo este grupo habitacional  separado existía un almacén depósito donde se guardaban dulces, conservas etc., frascos llenados como resultado de la laboriosa labor de Cecilia, esposa de Mingo,. Vecino al galpón la bomba de agua donde íbamos a llenar unas latas redondas preparadas al efecto. El mencionado Mingo uno de los Marna del que tengo un imborrable recuerdo. El me enseño maravillas y secretos de la naturaleza que se brindaba a nuestros ojos sin saber verlos. Nos explicaba el progresismo del Uruguay en manos de los colorados, vencedores en la guerra civil con los blancos, Algunos peones eran seguidores de su líder blanco Aparicio Saravia, que tiene un magnífico monumento. Mingo fue el objeto de mi indeleble admiración. Nuestro primer y luego sucesivos contactos con ese ambiente hizo nacer en mi hermano y en mí de la pura experiencia lejos del confort al que estábamos habituados, otro confort natural, limpiándonos los pies sucios en el piso de tierra antes de acostarnos., la presencia de arañas, el baño retrete, la comida una delicia natural, simple. Repito sobre todo la gente. Todos  buenos, amables, cariñosos, solícitos. El paisaje lleno de ondulaciones, sus famosas cuchillas. El roncar de los motores impulsores de camiones cargados y trepando desniveles a base de un combustible llamado gasógeno, gas de carbón. No había nafta, estábamos en la 2º guerra mundial Inolvidables los mates cebados con yerba Sara.

Allí y así transcurrían nuestros días juveniles en tierra trabajada, parvas acumuladoras de alimentos para los animales. Vacas lecheras que aprendimos a ordeñar, y cada tanto un viaje a la capital a pasear, cruzándonos con marinos ingleses en guerra con sus trajes de verano. Tomar algo en el famoso café Tupínambá, comer el inigualable postre Chajá. A pesar de ser menores probar el guindado uruguayo, el mejor, una delicia que a nuestro regreso debíamos llevar a casa como un gran recuerdo y un gran presente. Las noches de carnaval con sus corsos divertidísimos, las atractivas muchachas que de una forma u otra removían, hasta por simple presencia y actitud nuestros ocultos nacimientos hormonales. Algunas excursiones a Piriápolis, Atlántida o la Paloma fueron otras tantas razones para alimentar nuestros recuerdos. Los partidos de futbol en el estadio Centenario. Allí vi a la selección uruguaya disputando con la argentina un partido a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. y a River con Nacional, que tenía una delantera fenomenal. Wing derecho Castro, Centro delantero Atilio García,argentino radicado, y Zapirain. La fórmula era centro de Castro, gol de Zapirain.

Y  así pasaban los días de verano hasta que llegaba el fin de las vacaciones, el regreso, el aprestarse a reiniciar nuestro período de estudios en el colegio secundario.

No puedo dejar de recoger velas  en este relato sin mencionar seguro con nombres olvidados a todos aquellos con los que compartimos hospitalidad, vida, experiencias. La familia Marna, la Lalita hermana de mi abuela Lavagna Aschero, ella Lavagna Marna Sus hijos en la quinta Gaitán, Mingo, Josefina, Margarita, Sus esposos y esposas, Cecilia, Pina, Pedro, Manuel. Alfredo un muchacho como si fuera de la familia.Los chicos, Argentina, Nery, Rubén. Luego se agregaría Enrique pero no estaba en esa época. Casi ninguno vive pero todos ellos y es bueno reiterarlo han sido parte fundamental como ya lo afirmé de nuestras vidas, no solo juvenil sino en el transcurso de ella hasta aquí

A ese feliz pasado, seguro de plagados de imprecisiones y más de alguna inexactitud solo puedo evocarlo con una feliz melancolía.

 

Veji

24 de julio de 2011

Juan Bautista Aschero. Navegante y abuelo. 2º y última parte.

Juan Bautista Aschero y Blanca Lavagna 1920

Bianca,¿hallaría por fin el sosiego anhelado?. ¿Olvidaría aquellos reencuentros pasionales?.¿Las noches y noches de deseo y amor?. ¿Los tiempos de la emprendida aventura emigradora?. En adelante ella sería el centro de la dinastía. Viviría hermética, recordando, vigilando a los hijos traídos, a los nuevos hechos aquí. A los vivos, a los muertos. Al conventillo de la calle San Martín. La recova. La miseria. El trabajo rudo con prole a la par, hombro a hombro. Su nena sin muñecas. Una Argentina esplendorosa.¿Cómo igual se debía sufrir tanto?.¿Dónde esa América prometedora?.

El centenario; el cometa Halley; la semana trágica. Antes un tal Irigoyen. Antes un tal Palacios elegido por esa Génova-Boca, con reminiscencias de la suya. Los tranvías a caballo, los eléctricos. La luz de gas; la gran guerra con el mítico desastre de Caporetto, o la batalla de Verdún, discutida y dibujada por los teóricos circunstanciales sobre alguna mesa grasienta de fonda. Los primeros aeroplanos. Y aquellos Silimbani, locos acróbatas que en un trapecio, pendiente de un globo, paralizaban corazones en el Pabellón de las Rosas. La victrola con los discos de Caruso, Andrés Segurola, los esposos Gobbi o Juan Maglio Pacho. O aquel otro de etiqueta marrón.¡Ay si las palabras escritas pudieran trasmitir música!. ¡Si me fuera posible revivir las melodías grabadas en ese disco!. Escribirlas sin notas. Utilizar nuestro lenguaje. Tararearlas en el papel. O como un Debussy trastocado generar sensaciones con letras, como el lograba llenarnos de imàgenes con su música. De qué otra manera podría arrancar de los recuerdos, de ese disco perdido o destrozado, la tonada, como lo hacía la púa de la membrana con sonido metálico. Su melodía  atrapante nos persiguió toda una vida. La repetíamos obstinadamente con otra victrola en días de lluvia, refugiados mi hermano y yo en un cuarto altillo de la casa. Como si esa música nos obligara a soñar, a imaginar lo imposible, a desentrañar un misterio.Guardamos la tonada en nuestra alma para reencontrarla por pura casualidad tiempo atrás en un día de lluvia, que se tornó por esa circunstancia en hondamente emotivo. Dos danzas húngaras de Brahms encerradas en ese disco extraño, con rebarba en el borde que obligaba a saltearla para que la púa pudiera introducirse en el surco, en marcha espiralada hacia el final. En su transcurso, ojos húmedos de abuelo con mirada ausente. La corta duración de una de sus caras finalizaba bruscamente en un desvío hacia su terminación, casi en diagonal, abandonando la forma clásica, tenue, sutil de los demás discos. Exijo a mi memoria, a mis recuerdos y logro atrapar con nitidez las letras doradas impresas en el fondo marrón de su etiqueta. Parlophone. Josef Joachim el violinista intérprete, adaptador de la obra. Pasada del piano al violín. Así con más aire gitano, nada más. El resto se me esfuma, no logro saber los números, aunque me resultaría facilísimo identificarlas por cuanto las recuerdo perfectamente. Mas no se trata de eso. Es un desafío, un juego que no admite trampas metodológicas. Prefiero ignorarlo, mantener mis dudas. Es retomar una imagen con pureza sin subterfugios ni artilugios. Hasta donde mi memoria me lo permita. De ese cono de sombras rescato a un abuelo lacrimoso, imposibilitado a causa de sus manos temblorosas a darle cuerda a la victrola,depositar la púa en el lugar correcto, en insistencia obsesiva por volver a escucharlo. ¿Qué misterio encerraba esa música que tanto te obstinaba?.¿Qué mecanismos afectivos, emocionales desataba?. He repasado tus desconocidas trayectorias. Tu paso por el Bósforo, los Dardanelos, Constantinopla. Cuando llegaste al Danubio. ¿Fué allí?. ¿Un par de ojos claros en contraste con los oscuros y vivísimos de Bianca?. ¿Trenzas rubias?. ¿Otras pasiones y otra sirena en otro punto cardinal?. También ese disco fué para mi una magdalena. Sin perfume, sin sabor, mas con un sonido generador de recuerdos, nostalgia y fundamentalmente misterio. Para él no tuve clave alguna. Me fué imposible desentrañarlo, como lo hacía con aquel viejo baúl comprado en Turquía. Aquí fundaste esa dinastía de feriantes, renegando abuelo de esa otra posible de héroes y aventureros, de hombres de mar y mujeres de negro. Cerradas, clausuradas en la espera. Abiertas, florecidas  en celo al arribo. Criadoras de hijos de padres ausentes. Parideras de otros, luego de nuevas partidas.¿Qué debimos ser y no fuimos al decidirte emigrar,cambiar tu carrera?. ¿Cual tu verdadera estirpe?.¿Cual nuestro destino?. ¿Cual tu naufragio?. ¿Cual el nuestro, el mío?. ¿Debimos agradecer tu decisión?.¿Maldecirla?.

Viniste a estar, eso era más sencillo. Nosotros en cambio hemos tenido la dura obligación de ser. Nacimos.

De tus recuerdos, del mar salado, quedaron el gusto de tus lágrimas y las mías.

A tu nave la guardo en la botella de mi alma.

El tren traquetea a buena velocidad. Me paro cerca de la puerta del vagón para admirar mejor la Costa Azul. Partimos de Barcelona rumbo a Italia. Por fin llegaría al corazón de mis recuerdos, a su origen. El mío casi se detiene. Pasamos por el lugar amado. Leo el nombre tantas veces escrito en sobres destinados a parientes. Alguna vez la guerra, la ayuda. De pronto uno con recuadro negro guardando una muerte.Anunciado la tuya, abuelo. Savona, luego Génova. Por fin estoy al principio de la historia. No puedo creerlo. He venido hasta aquí como tantos otros descendientes de inmigrantes, por hallar parte de mi origen, de mi identidad. Los otros trozos del"puzzle" en Calabria y Venecia. Recorro la ciudad, su puerto. Veo la lanterna, su faro. San Pier D'Arena. Aún Staglieno. Sí abuelo indefectiblemente debías ser navegante. No haber tenido esa, tu historia, tu leyenda, pienso no habrías vivido, ni aún nacido. La bella Génova, su mar no podía engendrar para los ojos profanos otra cosa que generaciones de marinos. Me aguardaban emociones inesperadas. El contacto familiar, el llamado telefónico a Savona, la visita. Me esperaba un calco de Bianca, hablando igual, cocinando igual. Abrazada a mi como si nos conociéramos de siempre, sin habernos visto jamás. Destinataria de cartas que en mi infancia y juventud despaché hasta el cansancio. Corporizada ante mis ojos. Sirviéndome los mismos y ancestrales  tallarines verdes. La música de su voz sonándome en genovés emocionante. Abriéndome álbumes con fotos, las mismas, iguales a las guardadas en casa. Una vitrina, presentes, testigos del pasado. En cada álbum la reproducción de todo lo sucedido. Lo ya vivido. Calcos, duplicados de momentos felices de nuestra pertenencia enviados, encerrados en sobres despachados por mí tantos años atrás. Las mismas vivencias en sepia. Familia argentina numerosísima, con abuelo y abuela italianos, sentados en el centro. Patios, parrales, bodas de oro registradas con fogonazos de magnesio. Algunas de ellas mostrándote en tu final, abuelo, cuando ya se movía tu tierra-barco. Cuando te era tan difícil permanecer en pie. Ridícula ironía del destino. Cuando supiste en otro tiempo soportar rolidos imposibles.¡Pasaron tantos años!. Allí en Savona, entre palabras genovesas y una Bianca más joven, parecidísima a la verdadera, intercambiando recuerdos, vivencias, sentimientos. Esa extraña y única sensación personal al llegar a las fuentes. Reproducida hasta el infinito en todos aquellos que como yo, al bucear sus orígenes, hicieron más o menos lo mismo, en uno de los más importantes y hermosos privilegios concedidos por Júpiter.

Ella, Bianca revivida me dijo- "hacia allí, por ese lado, en un lugar bastante indefinido, ahora inexistente, alguna vez la casa donde nació tu madre". Más allá de los ventanales, de los vidrios, la playa, el mar. Pensé en ese lugar impreciso, vago, donde alguna vez llegó el abuelo en reencuentros engendradores de tíos, de ella, la única mujer entre tantos varones.

La playa donde la sirena Bianca orientaba la brújula, la proa del velero. Haciendo que el viento rotara y soplara con fuerza, aumentando la velocidad de los nudos, hacia la urgencia de una pasión derramada en crujiente lecho. Fieramosca corta las olas. Resuenen tus aparejos, llévalo con rapidez, ella lo espera. Hay un trinquete inoportuno desprendido de una verga. El paño no se hincha lo suficiente, a pesar de navegar a vela desplegada. La arena se agota. Tu retardo puede cambiar todos los destinos. Deberás llegar exactamente el día y la hora predeterminadas. Deberás volcar tu amor reprimido con precisión de relojería. El óvulo fecundado por uno entre millones. Hará que en el futuro otro óvulo sea perforado por uno entre millones. Inexorablemente. Se encadenarán en sucesivos actos casuales con causa y efecto. Yo, un resultante,

"He ordenado que hoy al mediodía, dice Júpiter, Vasta, la mujer de Albenzio, mientras se quiere ensortijar los cabellos de las sienes, por haber calentado demasiado el hierro, venga a quemar cincuenta y siete de ellos; pero que no se escalde la cabeza, y que por esta vez no blasfeme cuando sienta el hedor, sino con paciencia lo tolere. Que del estiercol de su buey nazcan doscientos cincuenta y dos escarabajos, catorce de los cuales sean hollados y muertos por el pie de Albenzio, ventiseis mueran dados vuelta y ventidós vivan en cavernas, ochenta vayan en peregrinación por el corral, cuarenta y dos  se retiren a vivir bajo el tronco próximo a la puerta,diez y seis vayan vaciando los cogollos por donde mejor les caiga comodo y que el resto corra a la redonda... la perra de Antonio Davolino conciba cinco perrillos...Que el cuclillo se oiga cantar desde la Starza y no deje escuchar ni más ni menos que doce cucúes...Spaccio de la Bestia Trionfante. Diálogo 1º parte 3º. Giordano Bruno.

Jupiter, tus órdenes se cumplieron rigurosamente sin margen para ninguna especulación. Todo al azar, toda la casualidad fué planificada hasta en el más mínimo detalle, cumplida con asombrosa precisión. El viento sopló a tantos nudos de tal punto cardinal. El trinquete inoportuno u oportuno deprendido de la verga. El paño no hinchado suficientemente a pesar de la vela desplegada, o en todo caso hinchado exactamente como correspondía a despecho de las impaciencias del marino. La marea a tal altura. El amarre en tanto tiempo. El primer coche perdido para llegar desde el puerto a casa en un segundo vehículo. Los hijos alborotados por la presencia del padre, demoran en dormirse, retardando el acto urgente. La sobremesa más prolongada que de costumbre, quizá para disimular impaciencias. La puerta del dormitorio cerrada con nervioso sigilo. La lámpara no apagada al primer soplido. Los botones que se niegan a desprenderse, arrancada la ropa casi con brutalidad. El ruego de Bianca afortunadamente desoído, de esperar una mayor tranquilidad en la casa. Un mayor silencio, la noche más avanzada..La penetración imperiosa. El gemido, el placer de ambos. El animal de dos espaldas y el uno entre millones rumbo a es óvulo único, elegido, origen de la más hermosa. Aquella que en Buenos Aires seduciría a un hijo de inmigrantes, mitad calabrés, mitad veneciano, en un futuro,en ese instante imposible de imaginar. Para que aquel marino, convertido en feriante, diera con su prole en un conventillo de la calle San Martín. Allá, a fines del siglo XIX cuando el XX alboreaba y moriría un Verdi, deleitador de sus oidos en discos de pasta pasados en aquel fonógrafo.

Cuando otra pareja italiana, ella veneciana, de noble casta, él calabrés analfabeto, albañil en la construcción de la Casa Rosada, comerciante, también desbordante de pasiones, fabricante de hijos, recalaban en el mismo conventillo. Familias numerosas, chicos mezclados jugando, conociéndose, compartiendo miserias y trabajos. Alegrías y tragedias. Enamorándose, entreverándose. Ella la hermosa, con aire de sirena, transportada su mitad en aquel viaje de Fieramosca en los genitales de Giovanni. Su otra mitad aguardando en el seno de Bianca. Por esa lámpara que tardó en apagarse, por esos botones rebeldes, por esa bendita casi violación.

Júpiter, los niños tal como lo ordenaste se harán hombres, mujeres. Algunos quedarán por el camino, serán los primeros escarabajos. Dos de ellos, en cambio eludirán el pisotón, caminarán a campo traviesa, transitarán por la vida, no serán aplastados por ningún pie hasta que hayan engendrado a otros tres , estos crezcan y les den nietos. Luego sí, serán aplastados por la muerte. Primero él, luego ella., aunque se hayan escondido en el tronco de la lejanía y el tiempo.

Juan Bautista Aschero. Datos biográficos.

Nació el 5 de diciembre de 1859 en Savona, Génova, Italia. Se casó con Blanca Lavagna. Tuvieron siete hijos nacidos vivos. Cinco, incluída la única mujer en Italia. Los dos últimos en Buenos Aires. Llegaron a la ciudad el 3 de agosto de 1896, aunque desembarcaron en el puerto de La Plata. Inmediatamente Juan y Bianca comenzaron a trabajar como verduleros en el hoy desaparecido mercado Florida, en plena calle homónima. A esta ocupación fueron sumándose los hijos varones. La nena Vicenta quedaba en la pieza del conventillo, sito aproximadamente donde hoy se erige el Kavanagh, encargada de las tareas domésticas. A medida que pasaron los años, todos fueron progresando haciéndose prósperos dueños de carnicerías y verdulerías. Alrededor del año 1910 se trasladaron a la casa de su propiedad ubicada en la calle Belén 755, barrio de Floresta. La llamaron Villa Blanca. A fines de l927 se mudaron a la casa recién inaugurada propiedad de Nicolás y Vicenta, mis viejos. El 5 de mayo de 1936 murió Juan Bautista. Bianca lo sobrevivió hasta el 24 de junio de 1957.

Como puede apreciarse esta ha sido una vida común y corriente. Gris sin mayores méritos visibles como para adquirir entidad, valores. Su importancia es afectiva y la aquilatamos quienes fuimos sus descendientes. No resiste cotejo alguno con la de aquellos otros italianos de destacada actuación en el crecimiento y desarrollo de nuestro país. Mi abuelo no fué universitario, ni catedrático, ni empresario de éxito. Tampoco fué hombre de letras, artes, ciencias. Ni filántropo fundador de entidades de bien público, o donante de obras de  beneficencia. Solamente un anónimo padre de familia, feriante y ex marino. De todo lo que fué he tratado de dar algunos  pantallazos mínimos. Pequeños reflejos, algunas vivencias. Chispazos cuyos destellos no trascenderán más allá de mis sentimientos. Al haberme animado a contar un trozo pequeñísimo, mínimo de su existencia, además murió cuando yo tenía ocho años, he querido destacar el importante papel que jugaron millones de vidas grises, oscuras, a las que siempre se les ha rendido homenajes genéricos, brindando reconocimientos englobándolos en la honrosa categoría de inmigrantes, pero en expresiones totalizadoras, ha sido imposible individualizar una, destacarla, saber realmente como se desarrolló, que sucedió. Mi abuelo fué una hormiga más en el gran hormiguero. Pero para mí,de allí todo este atrevimiento, transgresión u osadía, fué un ser fascinante, al que sigo recordando como se infiere con total veneración, por encima del valor real de su personalidad y de su vida.

Veji

Pensado en enero de 1992.

5 de agosto de 2010

Otro tesoro recuperado

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Estas fotos, algunas de ellas sin la identificación adecuada llegaron a mis manos porque Sandra y Chacha las trajeron de Pigüé. Billy y Noelia escribieron atrás datos pero las chicas las pegaron como ornamentación en las paredes y el papel quedó pegado y me ha resultado imposible leer algunas. Apelé a mi memoria pero para justificar mis fallos recuerdo que he sido el más chico de la familia y en consecuencia no tuve tanto contacto con los mayores. Igual algunas aunque no se sepa bien de quién se trata  son testimonios de ancestros de los Aschero y Lavagna.Yo al pie de cada una diré lo que mi mente y mi nostalgia me dicten aunque no siempre acierte.


foto nº 1. aunque conocida por todos esta de la abuela Blanca Lavagna de joven en distintas reproducciones anduvo por las paredes de las casas familiares en tamaño variado. Pero esta, montada en el original de la casa de fotografía , tamaño más bien chico, se me ocurre fué la que originó a las demás.


foto nº 2. La abuela Blanca con su  hermana la Lalita del Uruguay casada con Marna.


foto nº 3 la foto  de mamá (Vicenta Aschero) es conocida pero en el reverso , lo copio textualmente con sus faltas de ortografía y un supuesto error con respecto al novio que lo dice de Savona, cuando papá era argentino ,aunque quizá se refiera a un novio anterior que tuvo. dice: mis queridos tíos les envío mi fotografía para que vean que yo me acuerdo de ustedes y creo que tendrán deceos de recibirla,querida tía le ago saber que pronto me caso de Savona y es bueno y trabajador y estoy contenta y en casa están muy contentos, sin más que desirle la saluda cariñosamente su sobrina que la quiere Vicenta. Muchos recuerdos a todos y muchos besos a usted y a tío y a todos los chicos.Besos a María y a la Negra, dígale que las espero pronto y que escrivan y pronto (parece decir adio) .  Nota puede haber sido escrita entre el año15 y el 20. No la envió.

Veji.

 

Aportadas por Chacha y Sandra

24 de diciembre de 2009

Foto Familiar

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Bodas de Plata del Tío Pineto y Tía Catalina (Aschero + Gargiulo) Noviembre 1934, Patio de la casa de Montañeses.
De arriba para abajo y de izquierda a derecha:
Juan Aschero, Tío Federico Zucca, Carlos Aschero, Antoñito (amigo) al lado Oscar Corradi, Honorio Bissio, Atilio Gargiulo, Miguel Aschero, Pedro Corradi, Angel Ferreiro, Abuelo Nicolás , Antonio Gargiulo.
(Amiga), Mercedes Ferreiro, Abuela Vicenta, Tía Marietta, Jorgito Aschero, Tío Gaitanín, Tía Pilar, Chiquita, Amiga, Pochocha, Amanda Corradi, Isolina Pérez ( amiga), Zulema Aschero,Mimito Aschero, Dunin,  Blanquita Aschero ( h.tío Berto) , Chunga ( Sara), Tío Negro (Luis Gargiulo), Emma Gargiulo.
Tía Rosa Gargiulo ( esposa H. Bissio), en brazos Gogui, Tía Severina (esposa de tío Negro Md.Plata) en brazos Tita, Tío Berto ( Bartolomé Aschero), Barba Gaitanín ( Lavagna), Abuela Blanca Lavagna, Tío Pineto, Tía Catalina, Abuelo Juan Bautista Aschero, Tía Argentina Gargiulo (esposa P. Corradi) , Tía Juana ( esposa Tío Benito , madre de Miguel Aschero).
Horacio Ferreiro, escondido Negrito Bissio, Chona Bissio ( h. Tía Rosa). Nelly Corradi, Negra Gargiulo (h, tío Negro Md.Plata), Billy, Chochó ( Zucca, h. de Emma y Federico) , Veji, Héctor Ferreiro, Enrique Ferreiro, Cota ( Nélida Ferreiro).
DSCN3966 Tío Pineto y Tía Catalina los homenajeados, al pie La Negra, Billy y Chochó.
DSCN3972  Mimito, Dunin, Blanquita.
DSCN3967  Veji con Héctor y Enrique Ferreiro.

La entrada de hoy está dedicada a Billy, le hubiera gustado verla.

Datos y foto aportados por Veji.

7 de septiembre de 2009

Familia Aschero Lavagna, Buenos Aires ¿…?

Familia Aschero-Lavagna Bs.Aires sin fecha

De izquierda a derecha, parados Los tíos, padres de Zulema y hermanas. Tío Queco y Clotilde. Gaitanín, Vicenta, Marieta y Berto. Sentados también de izda a derecha. Tío Benito, tía Juana , los abuelos (Juan Bautista y Blanca), Catalina y Pineto. Chicos con Benito Juan, y en el suelo con rulitos Miguel, sus hijos. Las nenas, con dudas pueden ser Pochocha, la hermana mayor de Zulema, Blanquita, Chiquita y el parado seguro es Juan el hijo mayor de Pineto.

Foto aportada por E. Marna y descripción Veji.

1 de agosto de 2008

Trabajo para Tio Juan Carlos



Recuerdos de nuestros viajes al Uruguay. Tiempo 1941-42. Pleno verano. Cruzábamos el Río de la Plata en el vapor de la Carrera, de la compañía Mihanovich. Los vapores en ese tiempo eran el Gral Alvear, el Gral Artigas ambos propulsados a ruedas laterales y el Ciudad de Buenos Aires y el Ciudad de Montevideo, más modernos y lujosos. El de Bs Aires se hundió luego de un choque años después de lo que cuento. Partían de la dársena sud a eso de las 22 horas y llegaban a Montevideo entre las 7 y las 8 de la mañana. Regresaban con igual horario.Viajábamos en 1º clase en hermosos camarotes. Lo hacíamos, mi hermano y yo, menores de edad en compañia de papá quien nos dejaba y regresaba a casa. Permaneciíamos unos 2 meses, lo que duraban las vacaciones en el receso escolar. A la entrada de Montevideo nos topábamos además de su bello paisaje, su agua casi mar, con la obra muerta del Ad.Graff Spee, semi hundido en el fangoso lecho. Desembarcados, luego con un ómnibus camino a Pando bajábamos en el km 21 Villa García. Y por un camino de tierra y pasto, bordeado por eucaliptus llegábamos a la casa de los Marna.Una numerosa familia cuya cabeza Domingo Marna había muerto y quedaba su esposa, Lalita, hermana de mi abuela Blanca Lavagna.Creo que su nombre era Marietta. Precisamente nos aguardaba nuestra abuela quien se nos adelantaba en compañía de su hijo mayor Benito, padre de Juan el bandoneonista , Miguel y esposo de la tía Juana. Cuando finalizaba nuestra estadía regresábamos con esos barcos y a veces por vía Colonia, en ómnibus primero, de allí lo del puente sobre la Barra de Santa Lucía, lugar de agua dulce de donde se surtía la ciudad de Montevideo. En Colonia tomábamos un moderno paquebote llamado Ciudad de Colonia, de la misma compañía. Billy y yo dormíamos en un rancho de barro y paja con piso de tierra.Todas las construcciones eran así menos la casa principal, con baño incluído y ducha, un tanquecito con agua fría que cargábamos bombeando. Nuestra rutina era algún ordeñe, pasar la rastra por los lotes a plantar con el fin de esparcir y mezclar el guano como abono.Uncíamos la yunta ce bueyes llamados madruga y temprano, para su conducción al igual cuando los uncíamos a una carreta para pasear por el campo. era muy simple. Con tientos los atábamos al yugo y el buey de la izquierda tenía atada en su oreja una cuerda -soga cuando queríamos doblar para la izquierda bastaba tirar de la soga. Para la derecha en el anca de la izquierda de ese mismo buey, entrenado se lo picaneaba con una caña larga con una punta medio mocha. El viraba a la derecha y su compañero lo acompañaba. Para arrancar o frenar solamente con voces. Había otro buey más grande que trabajaba solo para arar, llamado Contento, lo manejaba el marido de Josefina, llamado Manuel. No usaba yugo sino una especie de pechera de cuero y madera, con la cabeza libre. Era notable ver la simbiosis, el entendimiento que existía entre el hombre y el buey, puro diálogo y obediencia. Además de esas tareas propias de una quinta de verduras y otros productos del campo que regularmente llevaban al mercado central de la ciudad, todo en cajones sobre un camión Ford A, conducido por Gaitán. Después contaré como se componía la familia Marna. De la venta vivían todos, familia numerosa y por lógica muy trabajadora ayudados por un par de peones. La extensión de la tierra sería allí unas 20 hectáreas y luego, cerca de Villa García tenían otro algo más chico.Todo arrendado. Pasados los años debieron mudarse a Durazno, ya bastante viejos y diezmados donde compraron unas 16 o 18 hectáreas. Pero lo que cuento se refiere exclusivamente al km 21. Se almorzaba o cenaba debajo de un quincho con tablones sobre caballetes bancos largos y todos , incluídos los 2 peones. El desayuno en una gran cocina de leña. En los días de lluvia, los más aburridos desgranábamos con una máquina a manija choclos. Nuestra estadía, ademàs de lo contado se componía de paseos a Montevideo en especial durante los carnavales, muy divertidos.Tambien ibamos a las playas de Carrasco, Ramirez, Piriápolis y hasta la Paloma. También concurríamos al estadio Centenario a ver partidos de fútbol. Allí ví a Nacional, Peñarol, algunos amistosos y a la selección argentina frente a la uruguaya en un partido a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. Como era época de guerra y faltaba combustible el transporte, sobre todo los camiones algunos automóviles, funcionaban a gasógeno, gas generado por la combustión en el momento de carbón. En la quinta una de las cosas que màs nos gustaba era ver a Manuel amasar el pan casero y cocinarlo en un gran horno de campo. Para nosotros, en nuestra adolescencia era la estadía un regalo mágico que nos hacía la familia. Nos marcó con recuerdos indelebeles por la experiencia, inclusive en la tarea campesina la calidez y el cariño de esa enorme y añorada familia Marna. A ellos los evoco con imborrable nostalgia.
Composición de la familia Marna. Domingo Marna y Lalita Lavagna (Marietta), hermana de la abuela Blanca Lavagna Hijos Benito Marna casado con Angela. Carnicería en Montevideo. Gaitán Marna casado con Pina cuyos hermanos trabajaban de crupiers en el casino de Carrasco que gracias a ellos pudimos conocer a pesar de ser menores de edad.Tuvieron dos hijos. Neri , aún vive, y Rubén muerto trágicamente en un accidente , electrocutado en la escuela técnica donde concurría. Domingo Marna hijo esposo de Cecila, padres de Argentina, esposa de Carlos hijo de tío Gaitanín y tía Pilar. Argntina se suicidó y Carlos el médico murió . Y el otro hijo Domingo que es escribano y ejerce en Montevideo, tiene hijos . Su madre Cecilia aún vive y hoy 2 de agosto cumple años. María Marna casada con un herrero de caballos llamado Agustín. El me contaba que usaba metal del hundido barco alemán.Vivián por lógica cerca del hipódromo de Maroñas. no tuvieron hijos Josefina, casada con Manuel . no tuvieron hijos. Margarita Marna casada con Pedro hermano de Cecilia, no tuvieron hijos. Angelita Marna casada con un tal Adolfo, tuvieron dos hijos, nena y nene. De todos ellos que yo sepa han muerto: Domingo, Lalita, Benito, Angela, María, Agustín, Mingo, Cecilia vive, Gaitán, Pina, Neri vive, Angelita y Adolfo y su hijo Adolfito muertos, su hermana Angelita todos nombres repetidos vive. Argentina muerta, su hermano vive.
Veji