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6 de abril de 2012

Cota.

 

cota

 

Se nos murió el viernes 30 de marzo. La noticia me pegó muy fuerte. Una amiga, una hermana. De nuestra infancia, del grupo de los siete chicos. Cuatro Ferreiro, tres Gargiulo. Todos niños. Juntos en nuestros juegos, en nuestras fantasías, en todo aquello que adorna los recuerdos cruzando en un constante vaivén por la puerta de comunicación de las dos casas. Nuestras salidas, a los corsos de carnaval sentados en la capota del auto. Paseos en bicicleta. Nuestras idas al club Gimnasia y Esgrima a jugar al tenis. Nuestras reuniones para las fiestas de fin de año. Con el tiempo su gracia, su elegancia el día de su boda con esa buenísima persona, Eugenio. La llegada de sus dos hijos, los primeros nietos de Don Angel, los primeros sobrinos de sus tíos.

La vida pasó, siempre nos hablamos. Yo con mi inveterado optimismo a pesar de las dificultades físicas. Ella me confesaba bebiendo de mis palabras hasta hace muy poco. La inexorable vida nuevamente hizo lo suyo. Los Ferreiro no fueron parientes pero sí familiares. De ellos cuatro quedan dos, De nosotros tres quedo yo. Cotita, te recordaré siempre.

El Veji.

30 de enero de 2012

La casa natal de Montañeses .

demolición de montañeses 

Vi en el museo de las civilizaciones anatolianas de la ciudad de Ankara, Turquía, modelos de casas descubiertas durante excavaciones que datan del 6.800 al 5.700 AC, pertenecientes a la época neolítica. Estaban compuestas por una habitación grande, un depósito y una cocina. Plano rectangular. Me produjo una gran impresión y no sé  porqué causa inmediatamente medí el tiempo, lo imaginé, entre esa visión y la casa donde nací. Mediaron miles de años entre el cerebro, la inteligencia de aquellos que maduraron culturalmente por razones múltiples para lograr hacerlas, y la de mi padre, como buen hijo de italianos, fijó la idea del ladrillo como base de la construcción de hogar y familia. Con su socio, perteneciente a la otra corriente pobladora, los gallegos, concibieron construir esos dos hermosos chalets, con lote y medio cada uno y cincuenta metros de fondo, levantados en la calle Montañeses 2664 la nuestra y 2650 la del socio. Se instalaron en ellas a fines de 1927. -Eran dos construcciones muy destacadas en un barrio no tan importante  como otras zonas de Belgrano, sembradas de casonas y casas quintas, muchas de ellas célebres,borradas de la faz de la tierra a impulso del progreso bajo el inexplicable slogan "Belgrano es un país", afirmaba una irresponsable inmobiliaria, responsable en  parte de los desaguisados cometidos.

De estilo tudor, con el exterior de revoque muy blanco una, la nuestra más gris. Tejas francesas, canaletas, gárgolas, un jardín delantero, separado de la calle por un cerco de mampostería, revocado igual que toda la casa, completado con puerta, portón de doble hoja y geométricos diseños de madera dura barnizada.

Ese jardín tenía primitivamente dos canteros, uno más chico con un pino cuya silueta sombra veía desde mi cama infantil moviéndose o agitándose en noches de tormenta. Imaginaba la presencia de un gigante amenazador, alimentando así mis miedos. El otro cantero cubierto de gramilla con un arbusto también de la familia de los pinos. Posteriormente mi padre lo reemplazaría con un cedro azul en homenaje a mi madre en sus bodas de plata. En la pared cerco, la caja con los tapones de la luz y un techito de tejas donde se encontraba el medidor de gas, que requería un servicio de atención periódica, efectuado por un operario de la Compañía Primitiva de Gas. En la entrada, pegada al portón, una llave general de agua, que al localizarla en los últimos tiempos cuando la demolición, pobló mi mente de recuerdos, ya que ella era mi referencia para retomar pedaleando con mi triciclo hacia el interior de la casa, y muchas veces calculaba mal la vuelta para raspar mi mano derecha contra el revoque de la pared. El largo corredor tipo entrada de auto llevaba a un patio cubierto con un alto parral. Este corredor, en principio abierto desde la calle hasta el fondo, fué posteriormente cerrado con un regio portón de hierro forjado de doble hoja encastrado en una construcción con alero de tejas francesas y un escudo heráldico en su frente. Ese portón tenía una réplica del escudo del frente de la casa, como si las intenciones de mi padre desmintieran su condición de acendrado socialista en la pretensión de crear una familia con título de nobleza. Ese portón, repito, fué hecho en un gran taller metalúrgico de Buenos Aires  cuyo dueño se llamaba Scarpa, que entre sus obras se pueden encontrar la carpintería metálica  del Complejo Hotel Provincial de Mar del Plata, El Casino, el Cine Opera, el Hotel Llao Llao de Bariloche, El Banco Nación de plaza de Mayo, y toda la broncería de la Caja Nacional de Ahorro postal, algunos de estos edificios salidos del tablero del arquitecto Bustillo.

El piso del corredor,patio y la amplia vereda eran de baldosas amarillentas, cuadriculadas, con una guarda de adorno  lila o morado. El frente, arrancando por la izquierda de la pared lindera, cubierta de enredadera, enamorada del muro, con un hueco con una canilla de bronce para el riego y el lavado, tenía como adorno unas bellas columnas de madera torneada, barnizadas, haciendo juego con el cerco. Las persianas del comedor, la primera de izquierda a derecha, pintadas siempre de azul o de celeste,diferenciadas de las de la casa vecina de color verde. Por encima unas ventanitas que correspondían a la ventilación del entretecho. Continuaba la ventana del hall de entrada y luego un pórtico con piso de mármol tipo travertino con dos escalones, iluminado por un farol colgante con vitrales de colores al igual que todas las ventanas y puertas interiores que describiré en su momento, y las luces externas de la casa. El pórtico tenía  una jardinera también de mármol tallado y sobre ella un panel de revoque y molduras  enmarcándolo. Cuando cayó Perón en 1955 lo llenamos mi hermana y yo con una gran escarapela argentina y por esa acción recibimos graves amenazas. En ese pórtico con dos arcos y un pilar, un arco frontal y otro lateral, estaba la puerta de entrada, la principal, de madera oscura con paneles tallados. Pesada, con  herrajes de bronce, preciosa. Sobre el arco principal había un escudo de material  diseñado por mi padre, cuya réplica se encontraba en el portón ya descripto. Supongo que en griego contenía las iniciales N.G. El frente se continuaba con otra ventana y sobre ella una modesta inscripción sobre el revoque que indicaba que Zapiola Acosta y Froio habían sido sus constructores. Toda la casa, hasta el patio del fondo estaba bordeada con ladrillos de máquina con un extremo redondeado. Debajo de cada ventana un cantero que contenía plantas con flores, sostenidas por una estaca roja y blanca rematada por una cabeza de bronce lustrado. La tercera ventana frontal correspondía  a la primer habitación, para mí entrañable  donde nací y luego ejercí por años mi profesión. También allí en 1936 velaron al abuelo Juan Bautista. La siguiente, por el corredor, también de la misma habitación, luego la de la habitación del medio, la del baño principal, la del último dormitorio, cuya otra ventana daba al patio y al jardín. Siguiendo en contorno se llegaba a un segundo patio hecho de baldosas en blanco y negro, pero en el 35 se lo techó totalmente ampliando así el primitivo comedor de diario, cerrándolo con ventanales, puertas metálicas vidriadas en color caramelo con guardas en vidrios esmerilados con dibujos de ornato. Todas las ventanas tenían alambre tejido con guillotinas para subir y bajar en épocas de mosquitos y en especial por las moscas. La parte superior de la casa, como dije era de tejas, como correspondía a un chalet, pero la parte posterior y la ampliación formaban una gran terraza de baldosas rojas. Estaba bordeada por una ancha baranda sostenida por columnitas de cemento con formas torneadas. Existía una segunda terraza o terracita donde estaba el tanque de agua y donde los chicos oteábamos al barrio en distancias imposibles de imaginar hoy . Trepados en ella remontábamos mejor nuestros barriletes. Era a su vez el techo de un trastero, el lavadero y una habitación de reserva que hoy correspondería a una de servicio. El patio, su techo era un alto parral , mayoritariamente cubierto por uvas americanas, llamadas también chinche y otras blancas. Ese parral  era una estructura metálica pintada de color aluminio, sostenido por columnas redondas también metálicas. En cada una de ellas trepaba una parra. Tan tupido era el follaje que cubría con sombra durante el verano  el largo y ancho del patio..La pared que nos separaba de la casa melliza tenía una puerta metálica con vidrios opacos en la mitad superior. Por ella las dos familias, los chicos en especial pasábamos de una a otra para juntarnos y jugar. El patio tenía grandes macetas pintadas de color minio, sostenidas por unos pies o soportes de hierro negro. En ellas malvones, geranios, helechos... Y en cada cabecera un  banco de plaza esmaltado de rojo. Dejaré el fondo y el jardín para el final. Ahora entraremos por la puerta  principal. Esa de madera oscura que describí dentro del pórtico. Se accedía a un hall con ventana y banderola. Una puerta de madera también oscura y bellos vitrales iguales a los de la ventana, que permitía el acceso a la primera habitación . Una segunda puerta igual, comunicaba a un largo corredor. Una puerta de doble hoja, también de madera oscura y cristales biselados separaba y unía al hall con el comedor. De techo alto, una regia tulipa de cristal tallado. Sus paredes cubiertas con un hermoso papel de rayas verticales. El límite con la garganta lo daba una varilla de madera oscura finamente torneada.  Hacia el zócalo del mismo mármol que el del piso, bajaba el papel deteniéndose en otra plana y ancha separación de madera de igual calidad y varilla de la superior. Si a veces no me detengo en estos u otros detalles, no lo hago con el fin de una descripción minuciosa, detallista, puede ser cansadora, pero también con la idea de realzar la categoría de su construcción y belleza. Su moblaje,sillones adamascados, alfombra persa, mesa ratona, potiche francés, cuadros, algunos de buena firma y buen gusto. Ya que estamos entremos al comedor por la puerta acristalada que describí. Paredes con papel floreado. Techo alto del que se descolgaba una araña de caireles de cinco luces. Ventanal doble también con vitrales y banderolas. Piso flotante de estupenda madera, guarda oscura, tablas colocadas en V. Muebles con una mesa principal, trinchante, aparador, vitrina, sillones, sillas, mesa ratona, cuadros y adornos de época. Ese comedor se comunicaba por una puerta como las descriptas en el hall con una antecocina. Pero ahora abandonemos esta parte de la casa y volvamos a la entrada, metámonos en la primer habitación. Techo alto, dos ventanas, una orientada hacia la calle, la otra de doble hoja se abría hacia el corredor. Ambas con banderolas. Aparte de la puerta descripta, otra comunicaba con el corredor mencionado que ya describiré y una tercera a la habitación siguiente. Eran unas hermosas y pesadas puertas de madera oscura. Como mencioné más arriba en ella nací, pasé gran parte de mi infancia y ya recibido instalé mi primer consultorio odontológico. La siguiente, la del medio, igual ventana de doble hoja con banderola. Aparte de la puerta de comunicación con la primera tenía otra hacia el corredor y una tercera que daba a un hallcito donde confluían el corredor, la comunicación con el amplísimo comedor de diario, el baño principal y la tercera habitación. Allí se encontraba fijado en una de sus paredes el teléfono de madera, con dos campanillas en la parte superior. Bocina inclinable, disco y tubo al costado. Hoy todavía conservo en mi actual vivienda el mismo número aunque con otra característica, ya que el Pampa 73 ha desaparecido.

El baño principal de artefactos, azulejos, baldosas, estas últimas con guarda negra, todos blancos. Gran bañadera sin patas. Bidet, lavatorio, espejo con luces, botiquín, inodoro con gran mochila. Banquito, termotanque eléctrico reemplazando así al agua caliente proveniente de la cocina económica. La ventana también de doble hoja y banderola se abría al corredor externo. Techo pintado al aceite. La tercer habitación tenía un ventanal al patio y otro al corredor. Una sola puerta. Ese hall donde estaba el teléfono sí tenía una puerta que lo separaba del corredor interior, que conducía al  hall de entrada, las habitaciones y la antecocina a través de puertas de madera y cristales. Allí con un piso amarillento de baldosas grandes y guarda negra se encontraba la despensa, la puerta al comedor, la de la cocina y la que comunicaba con otro hall donde confluían la ventana de la cocina, un segundo baño, el arco que comunicaba con el comedor de diario. El techo de ese hall era principalmente una claraboya con vitrales. En esa antecocina una escalera de mármol blanco con baranda de madera e hierro irrumpía invitando a recorrerla y acceder así a la parte alta de la casa, que ya describí con el lavadero, puerta de acceso a la terraza, ventanuco, mesa de mármol, pileta, puerta de habitación con piso de madera y ventana a la terraza. Bajamos ahora la escalera y examinamos un poco más la antecocina. Debajo de la escalera, en plano inclinado y un mueble oscuro de puertas y puertitas donde se guardaban vinos blanco, tinto y clarete recibidos directamente de La Rioja en barriles medianos que se envasaban en casa o en la de al lado. Recuerdo perfectamente esa ceremonia y en especial la máquina de poner los corchos. Allí a la fresca se apilaban las botellas destinadas al consumo del año, hasta la próxima cosecha. También se guardaba leña, quebracho, carbón para la cocina económica y el hogar del comedor de diario. Dentro de la cocina, el artefacto en sí, marca Triángulo ocupaba todo el frente con sus quemadores de gas, sus llaves y barras de bronce. La parte para leña, horno, plancha de hierro con sus discos, prusiana con puerta guillotina para la comida al carbón. Un tanque de agua caliente para toda la casa, pileta de lavar platos. Esa cocina era negra y tenía barras de bronce para colgar las cacerolas  que relucían para orgullo de la dueña de casa, unos vivos metálicos se destacaban sobre el fondo negro. Con el tiempo esa cocina fué cambiada por otra enlozada de la misma marca. El piso era blanco con guarda negra y los azulejos también blancos No conté que en esa antecocina existían una fiambrera y en su parte inferior una heladera a hielo con serpentina que permitía  tomar de un filtro Berkeley agua helada y filtrada. Posteriormente comprarían una heladera eléctrica marca Frigidaire de equipo abierto, verdadera avanzada cuando predominaban las de madera a hielo. Pasemos al comedor de diario. Primitivamente había sido  como describí un patio con baldosas negras y blancas, entoldado con lona corrediza para cubrirse los días de verano. En él instalada una mesa redonda de mármol blanco con un banco en media luna de igual material y tres soportes de mármol labrado. Esa mesa completa fué luego trasladada al fondo del jardín. El patio cubierto con techo, vigas barnizadas, araña, chimenea, ventanales y puertas mirando al patio del parral y el jardín. A él vamos, pero antes una corta aclaración. Mi descripción se corresponde con mi infancia. La vida, el uso, el tiempo produjeron modificaciones, cambio de costumbres, enseres , moblajes. Luego fué habitada por parte de la familia, posteriormente vendida y demolida. No incluí como estaba vestida, habitación por habitación, aunque fui testigo y partícipe de muchos cambios. en especial el jardín donde ahora los llevo con mi relato. Prepárense según mi imaginación y recuerdos a un hermoso paseo, aunque desgraciadamente no tendré la habilidad descriptiva para transportarlos. según me lo dicten mis sentimientos . Dejé esta parte parte para el final, como van a comprobar me involucré en la evocación. Atravesamos el patio cubierto con el parral y entramos al largo y amplio rectángulo en cuyos senderos y rincones hallaremos escondidas, agazapadas u ostentosamente a la vista flores y más flores. En un momento lo poblaron hasta cien rosales de todo tipo. Dos construcciones con techo de tejas al fondo, uno de cada lado. En una la de la izquierda, primitiva glorieta, guardábamos las bicicletas, juegos y trastos. En el galpón de la derecha herramientas, leña, todo lo correspondiente al cuidado del jardín, bulbos, manguera, escobas, palas, rastrillos. Las jaulas y jaulones de los pajaritos. Primitivamente en ese fondo  hubo un gallinero, duró poco, y allí quedó enterrado el perro Fido, el que aparece a los pies de los abuelos en la foto de la casa de la calle Belén. El jardín fué siempre atendido por un jardinero oriental. Recuerdo a tres, el primero japonés, el segundo chino de Formosa, hoy  Taiwán. El tercero también japonés, de Osaka, llamado Adolfo, está en alguna foto del archivo familiar, Era muy culto.

El jardín por su diseño era el típico de los años 20- 30. Arboles frutales, cipreses, palmeras, los rosales mencionados. Los canteros de dalias o flores de estación complementados con gramillón recortado, terminaban en un borde de ladrillo y cemento. Se lo recorría por caminos y senderos también de cemento imitando lajas, que sustituyeron a la granza original. Se la ve en otra foto de archivo donde Billy y yo calzados con guantes de box hechos con medias, estamos dentro de un ring . El jardín estaba cercado por paredes altas, cubiertas por enredaderas de hojas caducas y perennes. Al fondo y a los costados se alzaban las clásicas  pérgolas  de madera pintada cubiertas con rosas mosquetas, jazmines que servían de magro y perfumado alero a bancos de plaza de color rojo. Pero la mayor atracción del jardín estaba en su centro, más allá de los arcos de cipreses y tuyas perfectamente recortadas y unas construcciones ornamentales de material. Allí en el centro había una preciosa fuente redonda de mármol blanco, como la mesa y el banco que describí antes. Estaba compuesta por un estanque principal, lleno de peces de colores, macetas con plantas acuáticas y nenúfares que abrían sus flores al sol, y otras que flotaban en el agua, además de piedras y caracoles de tonos suaves. Del medio del estanque emergía un pedestal, sostén de una fuente menor, rematada por un jarrón de piedra verde, que arrojaba agua como un surtidor. Así se llenaba la parte superior y a través de las bocas de cuatro mujeres, mandaba finos chorros a la parte inferior. Esa fuente era nuestro orgullo. Ejercía sobre todos atracción y fascinación. Los chicos del barrio iban a ver los "pescaditos" que les mostrábamos con cierto aire de infantil superioridad. Ese hermoso jardín, tan bien  iluminado a la noche por faroles y focos colocados  adecuadamente, adquiría cierto aire de plaza, pero era oscuro y misterioso cuando se apagaban las luces, sobre todo si la luna llena lo iluminaba impregnándolo de un tinte fantasmal. En las noches de tormenta los relámpagos proyectaban formas extrañas, los cipreses amenazantes de doblaban con el viento. En el verano gozábamos de un privilegio hoy perdido, El cielo azul oscuro con estrellas brillantes, ahora imposible de gozar. El habitante de la ciudad, el niño no podrá levantar la vista a buscar las inhallables constelaciones de verano, las tres marías, la cruz del sur.¿Como encontrarlas en un cielo borrado por la iluminación, artificial, la contaminación? ¿Donde está esa magia, ese misterio pintado en el espacio-mito, hoy en gran parte desmitificado?. Allí están esas estrellas imaginábamos a los Reyes Magos recorriéndolas.

De allí desde ese fondo nacía un arroyito mío, único que solo yo veía. En mis ratos de juego me hacía compañía. Mientras pedaleaba afanosamente en mi triciclo rojo, regalo de mi abuelo, el se deslizaba a mi lado en carrera hacia ninguna parte, o sí, a alguna. En el verano, durante las vacaciones me iba al jardín a barrer los caminos, juntar las hojas, regar o para ayudar en sus trabajos al jardinero. Exploraba los árboles en busca de bichos, me entretenía con los "pescaditos", gozaba viendo matar hormigas en sus hormigueros con unas máquinas que bombeaban un humo venenoso. Y lo veía venir inesperadamente. Aparecía por lados distintos, sin un nacimiento preciso. Como una línea de agua recorriendo senderos. Atravesando partes recalentadas por el sol sin evaporarse a pesar de su magro caudal. En silencio llegaba al patio, sin el menor murmullo. En su marcha zigzagueante avanzaba realzando las canaletas. Así, entre zonas sombreadas y otras llenas de sol, siguiendo un declive natural eludiendo las rejillas dispuestas a absorberlo, a interrumpir su marcha. Cuando los sábados lavaban todo, desaparecía confundido con el agua de la manguera. Pero yo sabía que estaba allí correteando, serpenteando. Más de una vez mi madre me sorprendió ensimismado en mis reflexiones, dialogando con él. Para mi familia no existía. Me acompañó durante toda la infancia. Cuando me ponía las zapatillas marca Langosta que alisaba y gastaba en una tarde de pelota. O cuando jugaba con mi  hermano y los chicos de al lado con espadas, revólveres, autitos y juguetes de toda clase que siempre abundaron. A él le confiaba las angustias y las penas que un niño podía tener. Mis éxitos y traspiés en la escuela. Mi infancia feliz. Pero algo, algo había entre nosotros, oponiéndose  como una inexorable contradicción. A medida  que yo crecía el se iba extinguiendo como cuando los Reyes Magos dejaron de ser magos. Entonces me costaba encontrarlo. No recuerdo cuando apareció  por primera vez pero sí la última. Un día lo busqué inútilmente. Pasó una semana hasta que con alegría lo vi asomarse por el fondo nuevamente. Pero no llegó hasta el patio. Se quedó en el jardín. Se diluyó en los canteros. Corriendo me metí en la casa y frente a un espejo del ropero me di cuenta que tenía los pantalones cortos casi largos. Comprendí que el fin de mi arroyito casero era el fin de mi infancia. Habían cambiado mis sueños, mi imaginación. Ya no pensaba aunque lo quisiera en juegos, viajes, aventuras. Ya no trataba de hacer lo imposible. De esa casa, de ese jardín hoy no queda nada. La han demolido y sustituido por un edificio de departamentos. De la casa del neolítico a la mía, miles de años. Para ella un destino de menos de cien años. Todo lo que allí sucedió queda en la memoria de los sobrevivientes, y un día ni eso. Pero pensarla, evocarla me la hace ver luminosa, hermosa. Me hace feliz, más allá de la nostalgia, A pesar de  haber sufrido el dolor de la demolición. Conté lo de mi arroyito casero. Otros arroyos más o menos caudalosos atesoré o inventé en mi vida. Seguí siendo imaginativo, pero la vida, las luchas cotidianas, no me quejo, más de una vez se opusieron a ese lirismo, o lo marchitaron. Ahora que han pasado los años, la vida, mi arroyito, junto con todo lo que representaba, se han escurrido a través del tiempo.

NOTA: Con premeditación no he incluido en este relato la vida que en ella se desarrolló . No  quise incluir a sus habitantes, absolutamente entrañables, cuantos éramos y las distintas etapas del desgranamiento hogareño. Si quise contar como fué la casa donde nací en especial para la familia. Ya sabemos no existe más. Quedan como señalé nuestros recuerdos, fotos en blanco y negro y sepia. Las muy recientes de como la fueron tirando abajo están también en este blog familiar. Igual la sigo pensando y todo lo que me acontece en sueños, sigue sucediendo allí.

 

Veji

18 de enero de 2012

Mi barrio 2º y última parte.

Montañeses inundadoEl río llegando dentro de mi casa

Refiriéndome a algunos aspectos físicos del barrio recuerdo en particular a la calle Blandengues cuando le fué reemplazado el adoquinado y quitado el boulevard arbolado que estaba desde Monroe hasta la hoy Gral Paz, que aún no existía. A esta la ví hacer y con mi padre la recorrí en bicicleta hasta Liniers, sorteando obstáculos por la ejecución de su traza. Decía Blandengues era una avenida, desde Monroe a Udaondo bordeada del lado del hipódromo por un alambrado conteniendo una fila de eucaliptus. Más adentro, los restos de la antigua pista de arena, donde recuerdo haber visto correr automóviles. Aquellos abiertos, sin capota en forma de torpedo y ruedas de auxilio a los costados o atrás apiladas. Me contó mi padre que allá por el 28 o 29 , la casa la había inaugurado a fines del 27, hubo sobre el hipódromo una fiesta aérea con paracaidista incluido. Uno, italiano, erró el salto y cayó en la puerta de casa. Hay que tener en cuenta que Belgrano era uno de los lugares predilectos de los pioneros del aire. En la plaza Alberti funcionó una estación de globos. En Villa Ombúes, hoy embajada de Alemania, levantó vuelo el perdido Pampero. Volviendo a las carreras de automóviles una vez se largó en una noche de verano un gran premio. Sigo hablando de la década del 30, los autos pasaban  por Montañeses. Venían por Vértiz hasta el paso a nivel de La Pampa y de allí derecho al norte. Los vecinos, incluidos nosotros los chicos sentados en sillas y banquitos, cerca del cordón de la vereda, los veíamos pasar. Un corredor llamado Santos, (más tarde correría  la Buenos Aires Caracas), mecánico de automóviles y los camiones de la empresa de mi padre, lo hizo lentamente para saludarnos.Ya en la época de los grandes premios de los Galvez, Fangio, Marcilla, Marimón, etc, pasaban en plena carrera, velozmente lanzados por Figueroa Alcorta, Udaondo, Blandengues hacia el norte, piloteando sus famosas cupecitas.

Vuelvo a Blandengues y yo, de la mano de mi abuelo, fascinado por la aplanadora, pequeña locomotora a vapor que iba y venía alisando el asfalto con su enorme rodillo delantero y sus anchas ruedas traseras,su caldera alimentada con leña de quebracho.

Nombré repetidas veces al hipódromo. En él, o lo que quedaba, jugábamos, corríamos vacas. En la esquina de Congreso y Blandengues había un bello chalet de madera, importado de Europa, rematado con un mirador y una veleta. Esa casa fué sustituída por un hermoso chalet señorial que conservaba la misma veleta. Hoy allí existe una torre de departamentos. La casa pertenecía a la familia Cardinale y yo conocí a una señora que junto con otras tomaba el té en el mirador mientras veían las carreras de caballos. Donde hoy está el Tiro Federal había un terraplén y luego una laguna donde en alguna oportunidad vi tropas haciendo maniobras. Yendo hacia el río se encontraba el balneario de Nuñez, con su playa tranquilas, sus aguas no contaminadas, sus pajonales y juncales, su resaca en las bajantes que se recogían para los jardines. El peligro del canal cercano, trampa mortal para los no avisados o malos nadadores. Se llegaba pasando por debajo de un  negro puente ferroviario de escasa altura. Era atrapante esperar el paso de los trenes por encima de nuestras cabezas. Había un amarradero del club náutico Bouchard y de otros clubes. Algunas instalaciones de recreos. Frente a lo que luego fué el club River Plate, por Figueroa Alcorta, donde está más o menos la estación Shell había un rancho. Pero no era un rancho de villa, sino gauchesco, como los de Molina Campos, aljibe incluído. En  él se llegó a filmar una película cuyo actor era Fernando Ochoa, recitador y paisano famoso. En esa película se estrenó el tango Nostalgias. Con la finalización y habilitación de Figueroa Alcorta y la urbanización del barrio parque el rancho desapareció. Comenzaba la construcción del estadio y recuerdo cuando se colocó la piedra fundamental. Asistí a su inauguración en 1938, con un partido jugado contra Peñarol de Montevideo. El estadio, al estar incompleto por la ausencia de la tribuna que da al río, durante muchos años se lo llamó la herradura monumental. Se tenía una amplia visión del río, del paso de los trenes y de la quema en el basural que continuaba allí rellenando desniveles. Cuando la brisa soplaba de ese lado nos envolvía con su hediondo humo. Toda esa zona, donde se encuentra el monumento a Güemes por un lado y a los caídos de la policía por el otro, hasta la calle La Pampa, estaba ocupado por un rosario de canchas de fútbol y quintas de verdura,muy por debajo del nivel de la avenida. A poco de  inaugurada la cancha se hizo una carrera de automóviles Fiat topolino  que hacía su presentación en el país. Les ponían un tanquecito especial con un litro de nafta y daban vueltas  por Figueroa Alcorta, Udanondo, Blandengues y Lidoro Quinteros, Quien recorría mayor distancia se llevaba el auto de regalo. Los conducían artistas del momento.

Vecino al club se edificó en Tiro Federal Argentino, sustituyendo así  al viejo edificio situado en los bosques de Palermo, por la zona de Dorrego. Era el antiguo una construcción marrón oscura estilo fortaleza con sus almenares y allí llegaba el colectivo que mencioné  y que  también iba al Tiro Suizo, situado en el Bajo Belgrano. River Plate le produjo al barrio un cambio notable cualitativa y cuantitativamente. Hubo un nuevo trazado de sus alrededores y Blandengues, antes o después sufrió nuevas modificaciones. A la altura de Udaondo se emplazó una rotonda donde hoy está el monumento al 4º centenario de la fundación de Bs.Aires, que obligaba al tránsito  a bordearla. A poco de inaugurada en una noche de verano un automóvil descapotable circulando a buena velocidad se la llevó por delante, volcó y se mataron varios de sus ocupantes. Inmediatamente se recubrió su cordón perimetral y de las plazoletas vecinas con un sobre cordón metálico con luz en su interior, tornándose de noche en perfectamente visible. Donde luego se edificó Geniol hoy escuelas Ort, en ese baldío había una gran silueta de un cocinero que en su mano sostenía una lata de aceite.

Concurríamos a una escuela, la Remedios Escalada de San Martín, sita en Blandengues y Guanacache, en ese tiempo mixta, pero algún funcionario trasnochado limitó la convivencia de niños y niñas, y los últimos años tuvimos que pasar a una escuela de varones, en nuestro caso a la Casto Munita, frente a la rotonda. El edificio de nuestra primera escuela  era la adaptación de un stud tan abundantes en el bajo Belgrano por la proximidad del hipódromo y el Argentino de Palermo. Era corriente ver pasar los pura sangre con sus mantas, paseados por los peones por las calles aledañas. Todo el ambiente de la zona además de fabril era burrera. La escuela aún existe, aunque fué edificada nuevamente y de aquellos tiempos conserva placas, bustos recordatorios y su bella campana que nos llamaba a recreo o nos anunciaba la salida. Cuando en un aniversario, ya viejo, concurrí a los festejos, el director me permitió tañirla, sonido que me llenó de emoción y recuerdos. Reemplazada  por el timbre, allí permanece colgada en su nuevo emplazamiento. Esa escuela tenía la forma de U  con dos entradas por Blandengues. La principal sobre Guanacache y la otra cerca de Monroe. Todas sus aulas, salones, secretarías, dirección, cocina, baños estaban en lugares que fueran boxes y dependencias para los caballos. Por una escalera se accedía a una construcción vivienda del portero. Una galería con patio y jardín central con el mástil para la bandera y un monumento recordatorio de doña Remedios Escalada, patrona de la escuela.

Naturalmente el barrio fué cambiando transformándose con otros sonidos, olores, colores, costumbres, gentes. El progreso hizo del viejo hipódromo nacional el Barrio Parque Gral Belgrano, mal llamado barrio River. Avenidas, pavimentos. Los aviones ocuparon un cielo surcado por aves, mangas de langostas, algún raro aeroplano portador de publicidad, autogiros llevando en su cola letreros o un tubo gigante de Geniol, porque los analgésicos se vendían en tubos. Algún globo y una vez esa maravilla llamada Graf Zepelín. Lo estoy viendo desde la terraza de mi casa cruzar bajito sobre los techos de las casas, sobre alguna chimenea de una fábrica, sobre el gasómetro, majestuoso, lento, plateado, silencioso a la distancia. Mis ojos infantiles deslumbrados se posaron  en unos signos pintados en su cola -timón. Rojo, un disco blanco y la svástica en negro. Quien imaginaría al verlos lo que  significarían pocos años después, emblema de una terrible tragedia en ciernes, la 2º guerra mundial.

Ese mismo rectángulo de cielo, enmarcado por las paredes del bello jardín de la casa, dibujados sobre el verde de las copas de los árboles, fué atravesado por escuadrillas que rendían honores al presidente Roosevelt, a Getulio Vargas, a la muerte de José F. Uriburu. O aquellos aviones que escribían en el cielo con humo o tiraban papelitos que los chicos deseábamos cayeran en nuestras manos. Descendían parpadeando reflejos, al principio agrupados para luego ir dispersándose impulsados por la brisa. Las máquinas voladoras no hacían en ese tiempo sus primeros pininos volando, pero sí eran causa de curiosidad y asombro. Hoy estamos habituados  a verlos volar sin conmovernos en lo más mínimo, viajamos en ellos. A veces  nos molestan como los helicópteros policiales que con su misión de vigilancia se clavan en el aire a la salida de los partidos de fútbol, hiriendo nuestros oídos con el ruido de sus aspas. Descendientes del autogiro inventado por el ingeniero español La Cierva. Nombré en algún momento a las mangas de langostas, con sus alas transparentes, posándose en nuestros árboles frutales y las plantas devorándose todo con rapidez asombrosa. Las atrapábamos a manotazos, llenábamos nuestros bolsillos con ellas, asustábamos a las nenas, les arrancábamos las patas posteriores. Con las horas esos bolsillos llenos de langostas se transformaban en un trapo asqueroso de color verde húmedo. Recuerdo haber visto a los quinteros de Belgrano y Saavedra haciendo ruido golpeando inútilmente latas para espantarlas. Ese cielo se oscureció una vez, se tornó gris sucio y una especie de neblina envolvió la ciudad, Eran las cenizas de un lejano volcán, como ha sucedido ahora pero con muchísima intensidad. Fué un  11 de abril de1932 del volcán chileno Quizapú perteneciente al grupo el Descabezado, cerca de Mendoza.Se barría  con escobillón el polvo y se lo juntaba para ser usado en la limpieza de cacerolas y demás utensilios. Extraño pul-oil caído del cielo curiosamente nacido de las entrañas de la tierra.

La perspectiva que nuestros ojos abarcaban en la ciudad algo chata nos permitía visualizar desde una terraza era amplia, donde fecuentemente subíamos a remontar en temporada de barriletes, porque ellos aparecían poblando los cielos en tiempos simultáneos con la primavera, más allá de alguno solitario que se atrevía a volar en soledad en cualquier tiempo, sin ese acompañamiento numeroso, obra de chicos y más chicos poseídos por el afán de remontarlos, rivalizar en belleza, tamaño, modelo, largo de flecos, colores, majestuosidad. Algunos pillos ataban hojitas de afeitar en la cola con la intención de cortar hilos y derribarlos. El barrilete fué siempre un juguete mágico. Construirlos, darle la forma deseada, tarascas, bombas, estrellas...

Remontarlos, enviarles cartas, hacerlos saludar, dominar sus coleadas, era un adorno del espacio que los chicos y no tan chicos prendían cual escarapela en el pecho celeste del cielo..

Pero decía del paisaje visible desde relativa poca altura donde las siluetas edilicias recortaban sus perfiles, algunos más prominentes  que otros, hoy imposible de divisarlos sumergidos entre tanta torre moderna. Desde mi casa veía la cúpula de la redonda, esa iglesia de la Inmaculada Concepción que cuando la construían llamara la atención de Sarmiento en una de sus pasadas por Belgrano. Se escuchaban sus campanadas. Pero en el horizonte se destacaba el gasómetro, situado en Arribeños entre Monroe y Blanco Encalada, con más precisión entre el Pasaje Munich y B.Encalada, Su estructura conteniendo al tanque plateado era una figura destacada del paisaje barrial. Días que el tanque estaba bien alto, días cuando estaba muy bajo, con poco gas. Porque el gasómetro no era un tanque fijo sino flotante, sobre el mismo gas con rieles y ruedas apoyadas en la estructura de contención. Estoy hablando del gas proveniente del carbón de piedra, de la hulla y no del gas natural que consumimos actualmente. El carbón llegaba principalmente de Inglaterra, dueña de la Compañía Primitiva de Gas, cuyo servicio abarcaba la ciudad. Tenían unos vehículos color rojo y sus técnicos circulaban en unas motocicletas con  sidecar.

He contado, más bien dado gruesas pinceladas sobre la vida, fisonomía, hábitos de la época e insinué que mi visión provenía de un tipo de vida y de condición social desvinculada en parte de la realidad circundante. Salpicada de fábricas, algunas de ellas en su tiempo famosas, como la de las zapatillas Langosta, cuyo cartel luminoso veíamos de noche desde casa y consistía en una madre que le pegaba en las nalgas con una zapatilla y le dejaba la marca impresa la marca Langosta. O como dije la de Campomar en la manzana de Blandengues, Olazabal, Montañeses y Blanco Encalada. Su proveduría es hoy el Instituto Cardiovascular, y donde estaba la fábrica hoy funciona el Instituto Fleni además de importantes casas de departamentos. Las fábricas tenían altas y hermosas chimeneas de ladrillos rematadas con un pararrayos que en las noches de tormenta nos mostraban sus juegos eléctricos caídos del cielo. Como dije las fábricas condicionaban la vida del barrio. Existía de ellas toda una dependencia social y económica. Imponían ritmos, horarios, costumbres. El transitar murmurado, a veces con palabras de acento extranjero, de obreros que iban y venían, muchos de ellos vestidos  con guardapolvos grises. Con independencia de nuestra  condición  los chicos concurríamos a escuelas públicas, donde sin ningún tipo de diferencias o privilegios confraternizábamos y aprendíamos con ese maravilloso sistema educativo que cimentó la ley 1420. Nuestros guardapolvos blancos adornados los varones con un poético moño azul y las nenas cual mariposa blanca o celeste posada sobre sus cabezas, un moño de organdí, obligatorio para las fiestas patrias, acentuaba esa igualdad impidiendo que la ropa nos diferenciara. Ya que me refiero a la escuela diré que una mañana otoñal y gris de 1940, antes de ir al colegio me dirigí a una panadería de Congreso y Montañeses, pero no pude llegar. Una onda de agua marrón avanzaba rápidamente por Montañeses. La famosa crecida, una de las más importantes del siglo XX. Claro que el río como ya lo conté estaba más cerca que hoy, pero doy algunos datos ilustrativos.  Barrio Parque tenía una sola casa, además creo de la Iglesia  Santiago Apóstol, casa  que en las fotos de la época aparecía como plantada en el medio del agua. La única calle asfaltada era Quinteros con su actual boulevard. La traza definitiva del barrio y su pavimentación fué hecha en los tiempos de los primeros juegos deportivos panamericanos, alrededor del 50 y pico. Volviendo al agua, en Quesada y Blandengues llegó a dos metros de altura. El río llegó hasta la calle Arribeños. En mi casa de Montañeses veíamos pasar flotando objetos y cosas que toda indundación arrastra. Es un recuerdo indeleble de un azote natural.

CONCLUSIÓN. ¿qué mas?.  Yo podría seguir largo rato contando hechos, historias de esos hechos, anécdotas. Podría repasar cuadra por cuadra. Llevo 83 años  aquí. Retroceder en el tiempo hasta que mis recuerdos se agoten, y  como nací en el 28 puedo retroceder bastante, por ese largo camino que recorrí en el siglo XX . Sumar personas, lugares , detalles. Eso sí, sin darles el menor sentido histórico. No ha sido mi propósito encarar el relato por ahí. Si se pretende historia, documentación, información basta recurrir a la bibliografía disponible, en especial el Buenos Aires nos cuenta, y las específicas referidas al Bajo Belgrano,nº 11 y 12. En ellas encontrarán fundamentación, ilustraciones, trabajo serio y porqué no bastante nostálgico. Esto, avispado lector, tiene otro sentido. Lo cuenta, no un investigador minucioso sino un testigo, quizá algo privilegiado por la infancia que le tocó en suerte y por poder recordarlo sin grandes baches o lagunas que azotan las mentes de muchos ancianos.  Hubiera sido difícil, no teniendo la habilidad suficiente, buen manejo de la pluma y en pocas páginas traducir el clima, el ambiente de esos tiempos. El sonido de las bandadas de teros, el canto de las urracas, el ladrido de los perros, las serenatas ocasionales de algún enamorado, o el sonido de algún bandoneón. El olor a bosta en las calles. Como eran los días, como comíamos, vestíamos, nuestros juegos. Los programas de radio, como eran esos aparatos , como evolucionaron, etc,etc. Pero esto, con matices sucedía en todos los barrios y desvirtuaría el objetivo primordial de contar lo que quise contar. Y eso, palabras más, palabras menos, ya lo conté.

Veji

7 de septiembre de 2011

Bodas de Plata de Pineto y Catalina

 

Reliquia. Esta foto fué tomada cuando los tíos cumplieron las bodas de plata (noviembre 1934). Está la de conjunto y yo recordaba había un par más. Ellos parados en el jardín de Montañeses, foto cuyo destino ignoro  y ésta en manos de Billy.  Parados  están de izquierda a derecha Juan, Chiquita y Carlos. Sentados los tíos Pineto y Catalina. De trasfondo se ve el arco de cipreces muy tiernito todavía como las siluetas encaladas de algunos árboles frutales. El asiento era de madera pintado de rojo con tablitas. Con el tiempo se pudrió. Se asoma un borde de la fuente de peces . Claramente el piso hecho por el abuelo Nicolás junto con los bordes de los canteros y las canaletas.Todos con césped gramillón. La rejilla de desagüe es de la fuente conectada a otras que derivaban a la calle. En esa que tenía profundidad iban a parar huevos de los peces y allí también nacían. Cada tanto metíamos la mano y los agarrábamos para ponerlos en la fuente. Cuantos recuerdos me aparecen de solo verla y detenerme más que en las personas, en los detalles.

Veji

16 de octubre de 2010

Discos Antiguos del abuelo Juan Bautista Aschero

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Discos pertenecientes al abuelo Juan Bautista, quedaron en poder de Billy. Datan de la década de 1910 es decir alrededor de 100 años. Al escucharlos se me conmueve el alma y me lleno de recuerdos ya que los escuchábamos Billy y yo en la piecita de arriba, en Montañeses con la victrola a cuerda,en días de lluvia cuando faltábamos al colegio. Con paciencia recuperaremos todo lo disponible y se lo brindaremos a la familia. Veji

Aportado por Gustavo Gargiulo


Perdonen Por la publicidad al principio de cada canción pero es que este servidor (GOEAR) ha agregado publicidad cada vez que incluimos las canciones en los blogs.
Juanca

7 de septiembre de 2010

Dunin

dunin

Foto Dun ¡n en Monta ¦eses dorso

Hoy 7 de septiembre , cumpliría 88 años.

La foto en la fuente del jardín de Montañeses

9 de febrero de 2010

Los niños de ayer

entre ellos Veji, Billy y Dunin

¿Quiénes son los otros niños?

Podría ser en Montañeses en 1931-32

28 de enero de 2010

Una serie sorprendente V

1

 

2

 

3

 

1  El abuelo J.Bautista, Billy y Veji  en Montañeses, fecha ??   1931, 32.

2  Dunin, Billy y Veji en el porchecito de entrada de Montañeses, fecha aproximada 1929, 1930.

3  Veji disfrazado de cocinero , fecha ? 1932, 33.

20 de enero de 2010

Una serie sorprendente II

1

   2

   3

 

1  Abuela Vicenta y bisabuela Blanca, montañeses 1947.

2  Abuela Vicenta, Abuelo Nicolás y Noelia, posiblemente en su viaje de bodas.

3  Abuelo Nicolás, Billy, Abuela Vicenta , (Pigüé 196…, 197…)

18 de enero de 2010

Una serie sorprendente 1

  1

2

3

Hoy el primo Gus Gargiulo nos ha enviado muchas fotografías que intuyo , rescatadas de los álbumes familiares de Billy, a mi modo de entender son un tesoro precioso. Los próximos días las iré poniendo de tres en tres  para que todos podamos disfrutarlas. Como verán han sufrido algún cambio para mejorar su imagen  y dignificarlas . Intentaré poner nombres, donde los conozca, pero apelo a la memoria de mi viejo para ir identificando a todos los posibles.

Que las disfruten

Juanca

Foto nº 1  : Neno y Angel Ferreiro, seguramente en Montañeses año 194---?

Foto nº 2 : de izquierda a derecha y de arriba abajo:  bisabuelo Juan Bautista, bisabuela Blanca, Vicenta, Veji, Dunin, Billy, Chunga, posiblemente en Montañeses entre 1929-1930.

Foto nº 3: la entrada lateral de la casa de Montañeses vista hacia la calle, en la inundación de ……

24 de diciembre de 2009

Foto Familiar

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Bodas de Plata del Tío Pineto y Tía Catalina (Aschero + Gargiulo) Noviembre 1934, Patio de la casa de Montañeses.
De arriba para abajo y de izquierda a derecha:
Juan Aschero, Tío Federico Zucca, Carlos Aschero, Antoñito (amigo) al lado Oscar Corradi, Honorio Bissio, Atilio Gargiulo, Miguel Aschero, Pedro Corradi, Angel Ferreiro, Abuelo Nicolás , Antonio Gargiulo.
(Amiga), Mercedes Ferreiro, Abuela Vicenta, Tía Marietta, Jorgito Aschero, Tío Gaitanín, Tía Pilar, Chiquita, Amiga, Pochocha, Amanda Corradi, Isolina Pérez ( amiga), Zulema Aschero,Mimito Aschero, Dunin,  Blanquita Aschero ( h.tío Berto) , Chunga ( Sara), Tío Negro (Luis Gargiulo), Emma Gargiulo.
Tía Rosa Gargiulo ( esposa H. Bissio), en brazos Gogui, Tía Severina (esposa de tío Negro Md.Plata) en brazos Tita, Tío Berto ( Bartolomé Aschero), Barba Gaitanín ( Lavagna), Abuela Blanca Lavagna, Tío Pineto, Tía Catalina, Abuelo Juan Bautista Aschero, Tía Argentina Gargiulo (esposa P. Corradi) , Tía Juana ( esposa Tío Benito , madre de Miguel Aschero).
Horacio Ferreiro, escondido Negrito Bissio, Chona Bissio ( h. Tía Rosa). Nelly Corradi, Negra Gargiulo (h, tío Negro Md.Plata), Billy, Chochó ( Zucca, h. de Emma y Federico) , Veji, Héctor Ferreiro, Enrique Ferreiro, Cota ( Nélida Ferreiro).
DSCN3966 Tío Pineto y Tía Catalina los homenajeados, al pie La Negra, Billy y Chochó.
DSCN3972  Mimito, Dunin, Blanquita.
DSCN3967  Veji con Héctor y Enrique Ferreiro.

La entrada de hoy está dedicada a Billy, le hubiera gustado verla.

Datos y foto aportados por Veji.

24 de septiembre de 2009

Montañeses

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Continúo con la saga de Montañeses y su funcionamiento. Agrego a la de los proveedores y servidumbre lo siguiente: como la cocina era económica consumía mucha leña a la que luego se agregó la chimenea del living, el quebracho y la madera dura se compraba en los negocios que la vendían.La madera chica eran los recortes del taller en el armado de carteles,etc.La mandaban en un camión del taller manejado por el gallego Rudiño y cargada en bolsas de arpillera que depositaba en la leñera  que había dentro del galpón del fondo  a la derecha.La pintura en general la hacían empleados del taller,salvo casos muy especiales.Ambientes, cercos, persianas, parral, etc.
Otros servicios como la salud los brindaba el Dr Ramón Pardal que tenía un consultorio en Monroe pasando Cabildo.Me parece verlo con su sombrero orión, alto ,serio.Era el médico de cabecera.Además los abuelos y mis padres concurrían a un consultorio naturalista del dr. Sanchez Aizcorbe que tenía ducha escocesa, baños de luz, etc.Una especie de spa actual.Los remedios se compraban en la farmacia de N.Huapí y Blandengues que luego fué de Starker.Por supuesto también se contaba con médicos especialistas.El dentista era el Dr José Bracco con consultorio en Santa Fé 1460. Allí también concurría yo para mi tratamiento de ortodoncia con el dr. José Elgoyen.
Con este texto y el anterior  creo tendrán una idea aproximada de nuestra vida.En otros me detendré en cosas especiales y emblemáticas como la fuente, los pajaritos, y acontecimientos sucedidos.
Nota: En el programa Gourmet ví un día al cocinero Mallman cocinando en la Patagonia en una cocina marca Triángulo igual a la que había en casa.La primitiva luego cambiada por otra esmaltada en blanco de igual marca.

Veji.

25 de agosto de 2009

Escudo del porton de montañeses




No se si recuerdan que en la parte superior del porton de hierro de montañeses, habia un escudo con las iniciales NG en Egipcio, por Nicolas Gargiulo.
Ese fue un diseño del Abuelo.
Tio, vos te acordas como era el escudo???

5 de julio de 2009

Historias de Montañeses II

Ahora les contaré sobre las provisiones familiares.
Leche: en el buzón que estaba en el jardín de adelante en su nicho cerrado por puerta metálica se colocaban por la noche 2 botellas vacías de leche màs nota pedido para el repartidor de Estancias Tatay dejaba las 2 botellas de boca ancha y tapa de cartón,luego reemplazadas por otras de boca angosta y tapa metálica  que cubría sus bordes.Junto con ellas podía dejar manteca, huevos crema, todo dentro el buzón . Entraba por la puerta mas chica del frente y las depositaba en ese lugar descripto. Si esos 2 litros no alcanzaban a la vuelta por N.Huapí hoy Manuel Ugarte había un corralón lechería que vendían leche suelta a 1/2 de precio, 0,10 centavos de aquellas monedas de nicquel y la pasterurizada de Tatay 0,20. La leche suelta en tarros llegaba todos los medio días en el tren lechero proveniente de Pacheco, Benavídez etc a la estación Belgrano y se descargaba en un andén especial sito en la barrera de Mendoza hoy hay un predio abandonado con algunos juegos.Allí se concentraban tarros y los clásicos carritos repartidores.
Carne:se hacía el pedido por teléfono y el carnicero lo enviaba a domicilio.
Frutas y verduras:además del verdulero con su carro ,un italiano, existía la feria municipal de Blanco Encalada desde Blandengues(Libertador )  hasta Arribeños 2 veces por semana.Las compras las hacía la abuela Blanca experta en ese tema ya que a su llegada a Bs Aires con el abuelo y su prole tuvieron un puesto de verduras y frutas en el viejo mercado Florida, sí en plena calle Florida actual.
Almacén: por teléfono y ocasionalmente yendo al local. Se compraba en la de la esquina de N.Huapí y Montañeses de don Fermo Alciato o en la de Fernández, N,Huapí y Arribeños. Esta última era más grande con despacho de bebidas y carbonería. En esa balanza  nos pesábamos los chicos.Luego aparecieron las Grandes Despensas Argentinas (GDA) de productos más económicos.
Pan: la panadería estaba en Congreso y Montañeses,íbamos a buscarlos, pero en general recibíamos cotidianamente el pan de una empresa que se llamaba Pan Gran Tanoira, a domicilio con carros repartidores.
Vino: en general las marcas del momento en el almacén, aparte vinos finos para ocasiones en Gath y Chaves o Harrod´s. Además se recibían  todos los años unos barriles de vino blanco, tinto y clarete de La Rioja.Se repartía la mitad para casa y la mitad para Ferreiro.Se lo envasaba en botellas y se tenía una máquina para poner los corchos.Para los chicos eso era una ceremonia de lo más divertida y se realizaba en el garage del don Angel. Las botellas se guardaban debajo del la escalera de la casa.
Soda: no se compraban sifones por su peligrosidad.Eran los ingleses Sparklets llenos con agua de filtro y el gas se compraba en unas cajas de 1/2 docena de cápsulas.Las traían a casa del bazar Dumanjó en camiones de reparto.
Aceite: era de oliva italiano hasta que estalló la guerra y fué reemplazado por los nacionales mezcla.
Helados:se hacían en casa con la máquina tipo barril de madera ,pero eso era los fines de semana o en alguna fiesta.Lo diario en verano era comprar helados Laponia de Saint o Smak de Noel, todos los días y a veces nos corríamos a alguna heladería .
Zapatos. Lo pongo por curiosidad. También para todos los chicos se compraban por teléfono. La zapatería Raymond sita en Monroe y O'Higgins  mandaba cajas y cajas con los números que calzábamos.Probábamos, elegíamos y luego por teléfono se les avisaba que recogieran el resto y se les pagaba por los elegidos.Los mayores iban a la zapatería directamente.Tenía un precioso reloj cu-cú.
La ropa en general se compraba en las grandes tiendas como las mencionadas Gath y Chaves ,Harrod`s y sobre todo la tienda La Piedad.
Quedan otras cosas para mencionar pero esto es lo más importante.

Seguiré en otra con más información y recuerdos. 

Veji

1 de julio de 2009

Historias de Montañeses

Sigo contando como era nuestra vida en Montañeses. La casa, nuestro hogar fué terminada de construir a fines de 1927 y para las navidades más o menos se hizo la mudanza. Lo curioso es que mamá jamás la había visto y la descubrió allí. En principio vivirían mis padres y hermanos.Yo llegaba en la panza para nacer en abril del 28. Pero los abuelos se sumaron a la familia y no quedaron en la calle Belén, luego vivienda del tío Gaitanín y la tía Pilar. A los abuelos se sumó el tío que aún era soltero y luego Sara, la Chunga al quedar huérfana. Para semejante familión  y por el tamaño de la vivienda se requería personal. Más que en ese tiempo no existían muchos electrodomésticos. En casa habían una aspiradora y una enceradora marca Electrolux. La heladera apareció después , marca Frigidaire de compresor abierto  y el lavarropas marca Whirpoole después de la 2º guerra. Por lo tanto había una sirvienta encargada de la limpieza general varias veces por semana o todos los días. Una lavandera-planchadora que lavaba en la pileta de arriba a mano con panes de jabón y tabla de madera. La ropa la llevaba a la terraza en esos tachos grandes de zinc y a la ropa blanca la trataba con un producto azul para darle color y perfume. Por supuesto la tendía en la amplia terraza. El jardín era atendido por un jardinero japonés, desfilaron 3. El 1º japonés , luego uno chino de la isla de Formosa, hoy Taiwán, y por último Adolfo, el que publicó Tati. Del mantenimiento general, pintura etc ya contaré como se hacía según las circunstancias. La cosa diaria la piloteaba mamá con la ayuda de la Chunga y la abuela Blanca se recluía en la cocina.

Por ahora es suficiente 

Veji

26 de junio de 2009

La mariposa argentina.

Título grandilocuente y algo exagerado para su función. En aquellos tiempos de mi infancia existían empresitas familiares o unifamiliares que se dedicaban a un especie de mantenimiento sanitario de las casas. Por un abono un operario hacía una visita periódica,a veces era el mismo dueño quien munido de un balde cilíndrico de mayor tamaño que los habituales de zinc con reborde de apoyo y virola de bronce cobrizo. En ellos llevaban lo principal. Su misión era desinfectar sumideros,baños,en caso necesario destapar. Utilizaban fluido acaroína. acaroina Además desengrasaban el engrasador que estaba debajo de la pileta de la cocina donde se lavaban los platos.Dicho engrasador, si mal no recuerdo consistía en una cámara de hierro fundido, de color negro con tapa. De allí sacaba la grasa acumulada y depositada, etc. También revisaba y limpiaba las cámaras donde iba el jabón del lavado de ropa.El operario vestía  una chaqueta parecida a las que luego fueron  Mao abotonada por delante,color azul trabajo al igual que su pantalón.Boina o gorra.Venía a pié o en bicicleta. Y la empresita que atendía Montañeses se llamaba así. La mariposa argentina.

Nota: Con la historia del teléfono se me ocurrió contarles en brevedad recuerdos  que atañen al pasado, en particular la vida en Montañeses, nuestra familia, algunos acontecimientos .

Veji.

15 de junio de 2009

Comida en montañeses


No se de que se trata, posiblemente necesitemos de la ayuda de Veji.

9 de junio de 2009

Historia del teléfono 73-2867


Hecha y habitada la casa de Montañeses inmediatamente tuvo teléfono.La Unión Telefónica compañía norteamericana subsidiaria de la ITT lo instaló.Su nºy característica eran otros.En esos tiempos ellas correspondían nominalmente a los barrios o lugares donde estaban las centrales. Así primitivamente el nuestro era Belgrano,número que no recuerdo y que el tío Billy  a quien consulté hace pocos días tampoco.Alrededor de los años 32-33 lo cambiaron por el actual 2867. Su característica era 73 llamada Pampa, que a su vez sufrió modificaciones hasta ser como lo es hoy..Significa que este número tiene cerca de ¡80!años. El teléfono como otros servicios eran de compañías extranjeras y mensualmente un cobrador con abultadísima billetera y cambio llamaba o dejaba un aviso encaso de ausencia.Lo mismo sucedía con la luz servida por Chade ,Compañía Hispano Argentina de Electricidad, corriente alternada , La otra compañía era la Ciade, Compañía Italo Argentina de Electricidad cuyo servicio era con corriente continua.También estaba la Compañía Primitiva de Gas, inglesa,el gas era extraído de la hulla importada de Inglaterra y que llenaba los famosos gasómetros.Sigo con esta pequeña disgresión ya que este servicio de gas  era atendido por un operario que montado en una motocicleta roja con sidecar controlaba el medidor que estaba puesto en la caseta del jardín de adelante.

Vuelvo al teléfono
Estaba instalado  en el hallcito donde desembocaban las puertas del dormitorio que daba al jardín,,la del baño principal, la del dormitorio del medio, la del corredor interno que unía los ambientes y una puerta de doble hoja persiana que desembocaba primitivamente en el patio blanco y negro, luego techado y cerrado como el gran living con el hogar de leña.Ese aparato telefónico era de madera con 2 campanillas plateadas en su parte superior,bocina para hablar,disco para marcar.A su derecha la horquilla y el tubo.Estaba fijado a la pared que mediaba entre la puerta del baño y el último dormitorio.Cuando los viejos se fueron a Córdoba la línea se usaba para mi consultorio, la familia, Dunin, Agustín, etc y más tarde para el auxilio Cóndor, cuya oficina estaba en una habitación al fondo del jardín.En mi consultorio había una caja con tres posiciones  para derivar las llamadas .Su titularidad quedó en mis manos luego de un sencillo pero algo costoso trámite. En ese momento, previa autorización del viejo, ofrecí compartirla con Agustín-Dunin, pero mi oferta fué rechazada. Posteriormente al mudar el consultorio y vivienda a la actual la compañía Entel me lo trasladó con el mismo número y es el que todavía tiene vigencia. ( 784-2867  y luego 4784-2867).

Aportado por Veji.

 

Para mas INFO : Historia de la telefonía Argentina

Modelos de teléfonos hasta 1950 :

 http://www.telefoniamerle.com/hasta1950.htm

28 de mayo de 2009

28 de marzo de 2009

Parece que le quedaba grande el uniforme.


Los que estuvimos ahí sabemos como es el ejército a la hora de repartir el uniforme.