8 de julio de 2015
70 años de Sergio Aschero
En las fotos las dos 1ºs son de Carlitos Aschero hijo de Carlos Aschero (el antropólogo) (primo de Dunin, Billy y Veji) La siguiente es Sergio Aschero (músico) y María Fux (su madre) Sergio es hijo de Juan Aschero hermano de Carlos y también primo de D.B.y V. las dos siguientes son maría Fux (93 años) y Sergio.
Las fotos fueron tomadas por Juan Onetto , amigo de Sergio desde la infancia, durante la celebración del 70 cumpleaños de Sergio. Juan tuvo la amabilidad de enviarmelas hace unos días.
Juanca
8 de mayo de 2014
El grupo Orión.
Es bueno saber sobre su significado y peso, sino también sobre el ámbito en que germinó, se desarrolló , se extinguió en la diáspora de talentos desperdigados y al mismo tiempo muy destacados cuando veamos sus nombres. Mal puedo yo, no habiendo sido integrante, sino infantil testigo ocasional, quizá fugaz y nada consciente.. En ésa época yo tenía unos 8 o 9 años, el del chico de mis Ufas. Mi memoria reactivada y en homenaje a este blog familiar que va registrando todas nuestras vivencias. En este caso el recuerdo se acrecienta con cierto orgullo por el ámbito donde germinó y la participación de un primo.
El lugar físico era el Mercado Congreso, importante negocio de frutas, verduras y carne ubicado en la calle Bartolomé Mitre cerca de la iglesia La Piedad. Propiedad del tío José Aschero (tío Pineto) y Catalina Gargiulo (tía Catalina). En esas cuadras estaban Goldemberg la gran casa de rodados, de allí salieron todas nuestras bicicletas, La casa de los 10.000 artículos, famosísima en Buenos Aires. Cercano, el mágico pasaje La Piedad.
Ese ambiente germen lo componía el sótano con cámara frigorífica, depósito del negocio. Allí se reunían estos artistas llenos de ideas, inquietudes, talento.
Desvío brevemente el relato a una anécdota. Un peón del mercado bajó por la escalera, fue a prender la luz y por un síncope cayó muerto en actitud grotesca, estirando su mano hacia la llave de la luz. Así quedó toda esa tarde y noche hasta que fue retirado por las autoridades. En el ínterin, cuanta persona visitante llegaba al mercado era convencida que bajara a buscar determinada cosa. Al intentar prender la luz se encontraba con esa horrible sorpresa. Vaya broma pesada.
Volviendo al grupo recuerdo las paredes de ese sótano pintados cual murales. Curioso detalle, enfrente, cruzando la calle Bartolomé Mitre el tío Antonio Gargiulo tenía su estudio taller.
De la importancia a destacar del grupo Orión, su sello impreso en el arte argentino hago una muy breve síntesis.
2º grupo de la vanguardia con obras surrealistas buscando la liberación del individuo y del espíritu. Se dieron a conocer en 1939 en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. En 1940 en Amigos del Arte. La 1º vanguardia surrealista la encabezó Xul Solar continuado por Antonio Berni.
Orión pintores:Luis Barragán-Bruno Venier-Vicente Forte-Leopodo Presas-Ideal Sánchez-Orlando Pierri- Antonio Miceli- Alberto Altalef-Juan Fuentes-
Escritores: Ernesto B. Rodríguez. JUAN FRANCISCO ASCHERO. Rodolfo Alegre.
Finalizo así un recuerdo familiar que mereció ser tenido en cuenta y recordado por la familia.
Veji
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24 de julio de 2011
Juan Bautista Aschero. Navegante y abuelo. 2º y última parte.
Bianca,¿hallaría por fin el sosiego anhelado?. ¿Olvidaría aquellos reencuentros pasionales?.¿Las noches y noches de deseo y amor?. ¿Los tiempos de la emprendida aventura emigradora?. En adelante ella sería el centro de la dinastía. Viviría hermética, recordando, vigilando a los hijos traídos, a los nuevos hechos aquí. A los vivos, a los muertos. Al conventillo de la calle San Martín. La recova. La miseria. El trabajo rudo con prole a la par, hombro a hombro. Su nena sin muñecas. Una Argentina esplendorosa.¿Cómo igual se debía sufrir tanto?.¿Dónde esa América prometedora?.
El centenario; el cometa Halley; la semana trágica. Antes un tal Irigoyen. Antes un tal Palacios elegido por esa Génova-Boca, con reminiscencias de la suya. Los tranvías a caballo, los eléctricos. La luz de gas; la gran guerra con el mítico desastre de Caporetto, o la batalla de Verdún, discutida y dibujada por los teóricos circunstanciales sobre alguna mesa grasienta de fonda. Los primeros aeroplanos. Y aquellos Silimbani, locos acróbatas que en un trapecio, pendiente de un globo, paralizaban corazones en el Pabellón de las Rosas. La victrola con los discos de Caruso, Andrés Segurola, los esposos Gobbi o Juan Maglio Pacho. O aquel otro de etiqueta marrón.¡Ay si las palabras escritas pudieran trasmitir música!. ¡Si me fuera posible revivir las melodías grabadas en ese disco!. Escribirlas sin notas. Utilizar nuestro lenguaje. Tararearlas en el papel. O como un Debussy trastocado generar sensaciones con letras, como el lograba llenarnos de imàgenes con su música. De qué otra manera podría arrancar de los recuerdos, de ese disco perdido o destrozado, la tonada, como lo hacía la púa de la membrana con sonido metálico. Su melodía atrapante nos persiguió toda una vida. La repetíamos obstinadamente con otra victrola en días de lluvia, refugiados mi hermano y yo en un cuarto altillo de la casa. Como si esa música nos obligara a soñar, a imaginar lo imposible, a desentrañar un misterio.Guardamos la tonada en nuestra alma para reencontrarla por pura casualidad tiempo atrás en un día de lluvia, que se tornó por esa circunstancia en hondamente emotivo. Dos danzas húngaras de Brahms encerradas en ese disco extraño, con rebarba en el borde que obligaba a saltearla para que la púa pudiera introducirse en el surco, en marcha espiralada hacia el final. En su transcurso, ojos húmedos de abuelo con mirada ausente. La corta duración de una de sus caras finalizaba bruscamente en un desvío hacia su terminación, casi en diagonal, abandonando la forma clásica, tenue, sutil de los demás discos. Exijo a mi memoria, a mis recuerdos y logro atrapar con nitidez las letras doradas impresas en el fondo marrón de su etiqueta. Parlophone. Josef Joachim el violinista intérprete, adaptador de la obra. Pasada del piano al violín. Así con más aire gitano, nada más. El resto se me esfuma, no logro saber los números, aunque me resultaría facilísimo identificarlas por cuanto las recuerdo perfectamente. Mas no se trata de eso. Es un desafío, un juego que no admite trampas metodológicas. Prefiero ignorarlo, mantener mis dudas. Es retomar una imagen con pureza sin subterfugios ni artilugios. Hasta donde mi memoria me lo permita. De ese cono de sombras rescato a un abuelo lacrimoso, imposibilitado a causa de sus manos temblorosas a darle cuerda a la victrola,depositar la púa en el lugar correcto, en insistencia obsesiva por volver a escucharlo. ¿Qué misterio encerraba esa música que tanto te obstinaba?.¿Qué mecanismos afectivos, emocionales desataba?. He repasado tus desconocidas trayectorias. Tu paso por el Bósforo, los Dardanelos, Constantinopla. Cuando llegaste al Danubio. ¿Fué allí?. ¿Un par de ojos claros en contraste con los oscuros y vivísimos de Bianca?. ¿Trenzas rubias?. ¿Otras pasiones y otra sirena en otro punto cardinal?. También ese disco fué para mi una magdalena. Sin perfume, sin sabor, mas con un sonido generador de recuerdos, nostalgia y fundamentalmente misterio. Para él no tuve clave alguna. Me fué imposible desentrañarlo, como lo hacía con aquel viejo baúl comprado en Turquía. Aquí fundaste esa dinastía de feriantes, renegando abuelo de esa otra posible de héroes y aventureros, de hombres de mar y mujeres de negro. Cerradas, clausuradas en la espera. Abiertas, florecidas en celo al arribo. Criadoras de hijos de padres ausentes. Parideras de otros, luego de nuevas partidas.¿Qué debimos ser y no fuimos al decidirte emigrar,cambiar tu carrera?. ¿Cual tu verdadera estirpe?.¿Cual nuestro destino?. ¿Cual tu naufragio?. ¿Cual el nuestro, el mío?. ¿Debimos agradecer tu decisión?.¿Maldecirla?.
Viniste a estar, eso era más sencillo. Nosotros en cambio hemos tenido la dura obligación de ser. Nacimos.
De tus recuerdos, del mar salado, quedaron el gusto de tus lágrimas y las mías.
A tu nave la guardo en la botella de mi alma.
El tren traquetea a buena velocidad. Me paro cerca de la puerta del vagón para admirar mejor la Costa Azul. Partimos de Barcelona rumbo a Italia. Por fin llegaría al corazón de mis recuerdos, a su origen. El mío casi se detiene. Pasamos por el lugar amado. Leo el nombre tantas veces escrito en sobres destinados a parientes. Alguna vez la guerra, la ayuda. De pronto uno con recuadro negro guardando una muerte.Anunciado la tuya, abuelo. Savona, luego Génova. Por fin estoy al principio de la historia. No puedo creerlo. He venido hasta aquí como tantos otros descendientes de inmigrantes, por hallar parte de mi origen, de mi identidad. Los otros trozos del"puzzle" en Calabria y Venecia. Recorro la ciudad, su puerto. Veo la lanterna, su faro. San Pier D'Arena. Aún Staglieno. Sí abuelo indefectiblemente debías ser navegante. No haber tenido esa, tu historia, tu leyenda, pienso no habrías vivido, ni aún nacido. La bella Génova, su mar no podía engendrar para los ojos profanos otra cosa que generaciones de marinos. Me aguardaban emociones inesperadas. El contacto familiar, el llamado telefónico a Savona, la visita. Me esperaba un calco de Bianca, hablando igual, cocinando igual. Abrazada a mi como si nos conociéramos de siempre, sin habernos visto jamás. Destinataria de cartas que en mi infancia y juventud despaché hasta el cansancio. Corporizada ante mis ojos. Sirviéndome los mismos y ancestrales tallarines verdes. La música de su voz sonándome en genovés emocionante. Abriéndome álbumes con fotos, las mismas, iguales a las guardadas en casa. Una vitrina, presentes, testigos del pasado. En cada álbum la reproducción de todo lo sucedido. Lo ya vivido. Calcos, duplicados de momentos felices de nuestra pertenencia enviados, encerrados en sobres despachados por mí tantos años atrás. Las mismas vivencias en sepia. Familia argentina numerosísima, con abuelo y abuela italianos, sentados en el centro. Patios, parrales, bodas de oro registradas con fogonazos de magnesio. Algunas de ellas mostrándote en tu final, abuelo, cuando ya se movía tu tierra-barco. Cuando te era tan difícil permanecer en pie. Ridícula ironía del destino. Cuando supiste en otro tiempo soportar rolidos imposibles.¡Pasaron tantos años!. Allí en Savona, entre palabras genovesas y una Bianca más joven, parecidísima a la verdadera, intercambiando recuerdos, vivencias, sentimientos. Esa extraña y única sensación personal al llegar a las fuentes. Reproducida hasta el infinito en todos aquellos que como yo, al bucear sus orígenes, hicieron más o menos lo mismo, en uno de los más importantes y hermosos privilegios concedidos por Júpiter.
Ella, Bianca revivida me dijo- "hacia allí, por ese lado, en un lugar bastante indefinido, ahora inexistente, alguna vez la casa donde nació tu madre". Más allá de los ventanales, de los vidrios, la playa, el mar. Pensé en ese lugar impreciso, vago, donde alguna vez llegó el abuelo en reencuentros engendradores de tíos, de ella, la única mujer entre tantos varones.
La playa donde la sirena Bianca orientaba la brújula, la proa del velero. Haciendo que el viento rotara y soplara con fuerza, aumentando la velocidad de los nudos, hacia la urgencia de una pasión derramada en crujiente lecho. Fieramosca corta las olas. Resuenen tus aparejos, llévalo con rapidez, ella lo espera. Hay un trinquete inoportuno desprendido de una verga. El paño no se hincha lo suficiente, a pesar de navegar a vela desplegada. La arena se agota. Tu retardo puede cambiar todos los destinos. Deberás llegar exactamente el día y la hora predeterminadas. Deberás volcar tu amor reprimido con precisión de relojería. El óvulo fecundado por uno entre millones. Hará que en el futuro otro óvulo sea perforado por uno entre millones. Inexorablemente. Se encadenarán en sucesivos actos casuales con causa y efecto. Yo, un resultante,
"He ordenado que hoy al mediodía, dice Júpiter, Vasta, la mujer de Albenzio, mientras se quiere ensortijar los cabellos de las sienes, por haber calentado demasiado el hierro, venga a quemar cincuenta y siete de ellos; pero que no se escalde la cabeza, y que por esta vez no blasfeme cuando sienta el hedor, sino con paciencia lo tolere. Que del estiercol de su buey nazcan doscientos cincuenta y dos escarabajos, catorce de los cuales sean hollados y muertos por el pie de Albenzio, ventiseis mueran dados vuelta y ventidós vivan en cavernas, ochenta vayan en peregrinación por el corral, cuarenta y dos se retiren a vivir bajo el tronco próximo a la puerta,diez y seis vayan vaciando los cogollos por donde mejor les caiga comodo y que el resto corra a la redonda... la perra de Antonio Davolino conciba cinco perrillos...Que el cuclillo se oiga cantar desde la Starza y no deje escuchar ni más ni menos que doce cucúes...Spaccio de la Bestia Trionfante. Diálogo 1º parte 3º. Giordano Bruno.
Jupiter, tus órdenes se cumplieron rigurosamente sin margen para ninguna especulación. Todo al azar, toda la casualidad fué planificada hasta en el más mínimo detalle, cumplida con asombrosa precisión. El viento sopló a tantos nudos de tal punto cardinal. El trinquete inoportuno u oportuno deprendido de la verga. El paño no hinchado suficientemente a pesar de la vela desplegada, o en todo caso hinchado exactamente como correspondía a despecho de las impaciencias del marino. La marea a tal altura. El amarre en tanto tiempo. El primer coche perdido para llegar desde el puerto a casa en un segundo vehículo. Los hijos alborotados por la presencia del padre, demoran en dormirse, retardando el acto urgente. La sobremesa más prolongada que de costumbre, quizá para disimular impaciencias. La puerta del dormitorio cerrada con nervioso sigilo. La lámpara no apagada al primer soplido. Los botones que se niegan a desprenderse, arrancada la ropa casi con brutalidad. El ruego de Bianca afortunadamente desoído, de esperar una mayor tranquilidad en la casa. Un mayor silencio, la noche más avanzada..La penetración imperiosa. El gemido, el placer de ambos. El animal de dos espaldas y el uno entre millones rumbo a es óvulo único, elegido, origen de la más hermosa. Aquella que en Buenos Aires seduciría a un hijo de inmigrantes, mitad calabrés, mitad veneciano, en un futuro,en ese instante imposible de imaginar. Para que aquel marino, convertido en feriante, diera con su prole en un conventillo de la calle San Martín. Allá, a fines del siglo XIX cuando el XX alboreaba y moriría un Verdi, deleitador de sus oidos en discos de pasta pasados en aquel fonógrafo.
Cuando otra pareja italiana, ella veneciana, de noble casta, él calabrés analfabeto, albañil en la construcción de la Casa Rosada, comerciante, también desbordante de pasiones, fabricante de hijos, recalaban en el mismo conventillo. Familias numerosas, chicos mezclados jugando, conociéndose, compartiendo miserias y trabajos. Alegrías y tragedias. Enamorándose, entreverándose. Ella la hermosa, con aire de sirena, transportada su mitad en aquel viaje de Fieramosca en los genitales de Giovanni. Su otra mitad aguardando en el seno de Bianca. Por esa lámpara que tardó en apagarse, por esos botones rebeldes, por esa bendita casi violación.
Júpiter, los niños tal como lo ordenaste se harán hombres, mujeres. Algunos quedarán por el camino, serán los primeros escarabajos. Dos de ellos, en cambio eludirán el pisotón, caminarán a campo traviesa, transitarán por la vida, no serán aplastados por ningún pie hasta que hayan engendrado a otros tres , estos crezcan y les den nietos. Luego sí, serán aplastados por la muerte. Primero él, luego ella., aunque se hayan escondido en el tronco de la lejanía y el tiempo.
Juan Bautista Aschero. Datos biográficos.
Nació el 5 de diciembre de 1859 en Savona, Génova, Italia. Se casó con Blanca Lavagna. Tuvieron siete hijos nacidos vivos. Cinco, incluída la única mujer en Italia. Los dos últimos en Buenos Aires. Llegaron a la ciudad el 3 de agosto de 1896, aunque desembarcaron en el puerto de La Plata. Inmediatamente Juan y Bianca comenzaron a trabajar como verduleros en el hoy desaparecido mercado Florida, en plena calle homónima. A esta ocupación fueron sumándose los hijos varones. La nena Vicenta quedaba en la pieza del conventillo, sito aproximadamente donde hoy se erige el Kavanagh, encargada de las tareas domésticas. A medida que pasaron los años, todos fueron progresando haciéndose prósperos dueños de carnicerías y verdulerías. Alrededor del año 1910 se trasladaron a la casa de su propiedad ubicada en la calle Belén 755, barrio de Floresta. La llamaron Villa Blanca. A fines de l927 se mudaron a la casa recién inaugurada propiedad de Nicolás y Vicenta, mis viejos. El 5 de mayo de 1936 murió Juan Bautista. Bianca lo sobrevivió hasta el 24 de junio de 1957.
Como puede apreciarse esta ha sido una vida común y corriente. Gris sin mayores méritos visibles como para adquirir entidad, valores. Su importancia es afectiva y la aquilatamos quienes fuimos sus descendientes. No resiste cotejo alguno con la de aquellos otros italianos de destacada actuación en el crecimiento y desarrollo de nuestro país. Mi abuelo no fué universitario, ni catedrático, ni empresario de éxito. Tampoco fué hombre de letras, artes, ciencias. Ni filántropo fundador de entidades de bien público, o donante de obras de beneficencia. Solamente un anónimo padre de familia, feriante y ex marino. De todo lo que fué he tratado de dar algunos pantallazos mínimos. Pequeños reflejos, algunas vivencias. Chispazos cuyos destellos no trascenderán más allá de mis sentimientos. Al haberme animado a contar un trozo pequeñísimo, mínimo de su existencia, además murió cuando yo tenía ocho años, he querido destacar el importante papel que jugaron millones de vidas grises, oscuras, a las que siempre se les ha rendido homenajes genéricos, brindando reconocimientos englobándolos en la honrosa categoría de inmigrantes, pero en expresiones totalizadoras, ha sido imposible individualizar una, destacarla, saber realmente como se desarrolló, que sucedió. Mi abuelo fué una hormiga más en el gran hormiguero. Pero para mí,de allí todo este atrevimiento, transgresión u osadía, fué un ser fascinante, al que sigo recordando como se infiere con total veneración, por encima del valor real de su personalidad y de su vida.
Veji
Pensado en enero de 1992.
16 de julio de 2011
Juan Bautista Aschero. Navegante y abuelo. Parte 1º
Voy a contar una pequeña historia poco original, común, quizá vulgar. Es parte de la vida o leyenda de un hombre anónimo, de un hombre más. Como en este caso carece de significación y entidad suficientes para lograr trascender, seguramente la opinión crítica hallará componentes corrientes, motivadores de reflexiones o conclusiones que podrían inducir a descartar su lectura. Hay en estas palabras escritas, plenas de subjetividades la premeditación de relatar aspectos o rasgos de una de las tantas vidas cargadas de esfuerzos, ilusiones, hijos, llegados a nuestro país a fines del siglo XIX. Esa generosa corriente inmigratoria dispuesta, junto con otras razas y nacionalidades, a poblar tanto descampado, tanto desierto, a llenar tanto espacio vacío. Cuando partir de la patria, del amado "paese" era romper definitivamente con ella, con la familia, los padres. Seguramente no verlos más. Iniciar una aventura arrastradora de seguidores dispuestos a sumarse en torrente al éxodo. Otros parientes, otros amigos se animarían luego, detrás de los adelantados. Con las primeras noticias llegadas de la lejana América, las fantasías por delante, toda la realidad sobre las espaldas.
Mi abuelo, de él se trata partió de Génova rumbo a Buenos Aires. Su último viaje, su primer barco a vapor. Antes, surcador de mares, bebedor de vientos en veleros de ensueño.
Allí en un cajón de la cómoda, un estuche de madera en forma de tubo. En su interior agujas para coser velas. Un foque, un trinquete, una mesana, cualquiera. Da lo mismo sean cuadradas o latinas. Y una manopla de cuero con una especie de dedal en la palma para empujar esas agujas. Hacer fuerza y atravesar los paños desgarrados. Aprehender el aire. Impedir fugas mermadoras de velocidad. Todo el viento apresado, aún la más mínima brisa impulsando a la nave por rumbos mediterráneos. Atrevidas singladuras más allá de Gibraltar. Incursiones atlánticas.
Una cerradura que suena cual caja de música. Atento el oído porque la llave gira y gira sin lograr su cometido. Solamente arrancando notas iguales, monocordes, mas no consigue abrir el baúl comprado en Turquía. Existe una sutil diferencia. En un instante girar la llave hacia el lado opuesto y el milagro se produce. Queda expuesto su interior. Ese cofre de madera marrón, manijas de cuero aviborado y todo el misterio de un lejano y exótico país, excitando la imaginación infantil. Aunque ya conocíamos de antemano su vulgar contenido. Baúl, testimonio irrefutable de la leyenda tejida sobre el pasado de ese abuelo navegante. O aquella bala de cañoncito aprisionada entre libros, sobre un estante de la biblioteca. Entre novelas que nos hablaban de otras aventuras incapaces de superar aquellas vividas, fantaseadas por ese hombre rubio, de ojos claros. Alto, bello, varonil. De voz suave y dulce. Aventuras posibles o imposibles anidadas en nuestro febril pensamiento, influidas por islas del tesoro, mosqueteros y robinsones. ¡Cuantas veces tomé en mis manos aquella pesadísima bala para mis pocas fuerzas de niño enfermizo!.¡Cuantas batallas soñé y la transformé en protagonista!. Allí va en trayectoria certera destrozando mástiles, derribando vergas, horadando maderas, perforando babores y estribores. Curiosamente acompañada en mi fantasía con imágenes de cine mudo de un Douglas Fairbanks, Rodolfo Valentino o a Ramón Novarro con Ben Hur que no tenía absolutamente nada que ver con el tema.
Supe que una de sus naves se llamaba Fieramosca. Nombre dudoso. Juan Aschero, mi primo lo mencionó en sus poemas Con gusto a sal, dedicados a este abuelo. Igual Fieramosca fué un personaje que existió. Luchador italiano de la resistencia durante la ocupación napoleónica.Que él comenzó su carrera a los doce años como grumete, pero que nunca llegó a capitán, se detuvo en el penúltimo escalón. Su frustración en parte resultado de su decisión de emigrar. Acosado quizá por pagas insuficientes. Deslumbrado por los rumores llegados de América. Un fugaz contacto con las playas brasileñas inclinó el fiel de la balanza. Era un supuesto fracaso que aumentaba su aureola de leyenda y el respeto por su imagen. Porque todo lo había dejado. Una carrera lógica para nosotros sus nietos. Génova con los mejores cartógrafos del Mediterráneo. Savona, Malocello, Di Recco entre otros. Colón. El...¿qué otra cosa sino navegante podía ser?. Jamás logré pensarlo al frente de un puesto de verduras en el desaparecido mercado Florida. Ese era otro hombre, inexistente. Nunca el que yo podía imaginar. Pero ese ser inexistente para mis sueños era tangible, real. fundador de familia, procreador de hijos, perseguidor de una abuela dura, durísima, también genovesa, de estirpe despertadora de pasiones. Víctima y beneficiaria de un fuego por ella encendido y alimentado. Luego, amargos lamentos por una paz en el lecho jamás lograda. El precio por tener a su lado al más bello de los tres hermanos, los más hermosos del puerto. El de las largas ausencias. En regreso a la simbólica tierra de las sirenas. En un Fieramosca de proa a Savona. La brújula apuntando a un punto cardinal con forma de mujer, con voz y canto de Bianca.¡Rosa de los vientos, orienta las brisas en la dirección deseada!. Levar anclas, partir a navegar nuevos conocidos mares, nuevas conocidas costas. A dejarla con un nuevo embarazo. Mis tíos, mi madre. En abandono con prometido regreso, diferente de ese otro reiterado en apasionadas vísperas nocturnas..¿Como eran las pausas, las ausencias cuando ya en tierra, en este Buenos Aires disponías de todo el tiempo para seguir multiplicándote?.¿Cual tu barco para llegar al conventillo de la calle San Martín en cortos viajes desde el mercado?. ¿Como invocabas e imaginabas a tu sirena, ya no tan niña mujer, más ajada?. ¿Qué efecto te causaba esa otra brisa ribereña sin el menor gusto a sal?
Abuela Bianca, con tu niñez desapercibida. Cargando ladrillos en el horno, en Savona. No es de extrañar esa, tu tarea infantil. Génova es ladrillos, como es mar. Basta echar un vistazo a la "Soberbia" para comprender su papel decisivo en la composición de sus edificios. Mármol, pizarra y esencialmente ladrillos. Bianca, como tantos otros genoveses ganaron sus salarios en los hornos, "i fornaci", y atribuía a esa precoz y lejanísima tarea, ciertos achaques seniles. Como dije, cargando ladrillos, lavando en la vera del río. No siendo nadie, ni para él, algo mayor. Jamás reparó en ella hasta que fué mujer. Amasando y amasando pasta. Dando los primeros pasos hacia una cocina genovesa que nos deleitó siempre. Lamento no tener el arte talento y originalidad de Marcel Proust. Mis magdalenas,sus sabores, olores, fueron tallarines blancos y verdes amasados a mano, cortados a cuchillo. Ravioles marcados a dedo. Espesos minestrones de ingredientes preparados y seleccionados con minuciosidad de artesano. Esa maravilla de buen gusto, punto sabroso, perfección de asombro en cada plato. Simple, popular, común, único. Me atrevería a afirmar hasta refinado en su sencillez. Increíble manejo de la albahaca, del ajo.. Renace, reaparece con todo el encanto proustiano cuando aún hoy se vuelcan en una olla aquellos componentes que por tradición y receta en mano, colocamos en ceremonia entre misteriosa y secreta. Recomponiendo recuerdos, disfrutando lejanos momentos hoy llenos de ausencias.
Y al levantar la vista, en un alto de mi escritura lo veo a mi abuelo en un retrato. Me mira, ensaya ciertos visajes.Me dice cosas. Percibo, aprehendo su ternura. Sé es una ampliación de otra, de un conjunto. Toda la tripulación. Todos marineros. Entre tantas cabezas, rostros anónimos, la de él. En gris borroso, con aire garibaldino. Gorra ladeada hacia un costado. Mechones ondulados asomándose,cubriéndole en parte una frente que recuerdo despejada. Apenas un bosquejo de cejas.Por debajo de ellas sus ojos cielo, mar. Y una remera oscura, desbocada,inclinada hacia el lado opuesto de la gorra. Boca perfecta, boca babeante. Manifestación de una vejez parkinsoneana. Expresión de una juventud apasionada, cubriendo de besos,recorriendo ávidamente el deseado cuerpo de Bianca.
¡Su voz!. ¡Cuanto esfuerzo para recordarla!. Esa boca se abría para llamarme, su nieto preferido. Portador de su primer nombre. Destinatario de sus afectos y mimos. Satisfaciendo mis gustos y caprichos. Comprándome mis primeros juguetes. Fuí heredero de sus recuerdos, sueños y algún gesto póstumo. Emitía mi nombre con sonido apenas audible,apagado, en genovés argentinizado. Transformador involuntario de palabras y fonéticas. Creador de nuevos idiomas.Palabras con aroma y sabor, convertidas en suburbio y lunfardo. En barrio y compadritos. Faroles, recovas, cuchillos, arroyos, milongas, tangos. En su hablar ellos, mi abuelo, agregaron inconscientemente términos que se integraron al paisaje, la tradición, la cultura, las costumbres. Esa boca perfecta se abrió innumerables veces para eso, sin saberlo. En las voces populares, en nuestro idioma, su voz, la de todos.La otra, su otra tronó encubierta, en instrucciones, mando, maldiciones. Asegurando rumbos, encarando tormentas. Ordenando el alije urgente para hacer zafar a la nave de peligrosas varaduras. O dialogando en puertos. Entonando en bodegones canciones blasfemas. Amenazando entre licores en algún remoto cafetín con el hundimiento de una daga en riñas interminables. O susurrando en ese amado oído palabras urgentes u obscenas. En exigencias de entrega a la que ella se le ocurrirá inacabable. Bianca, no te acerques en su lecho de muerte. En su agonía aún intentará palparte.
Igual que una nave la tierra se movía. Mas ya no era el mar, era la vida. Castigándole en enfermedad, oscilando bajo sus pies. Y un cielo oscuro, negro, preanunciando la tormenta de la muerte. Los vientos del espanto. Los truenos del más allá. Trémulo, babeante. Las crueles huellas del Parkinson. Su mano férrea para tirar cuerdas, sostener timones, apenas para aferrarse a un bastón. O para tomarse de la mía y llevarme por calles-mundo en historias lejanas, bellísimas. La costa del Brasil, el Mar Negro, Odesa que alguna vez haría famosa su escalera. El mar... Ciudades de nombres descubiertos para mis oídos introducidos en mi mente y mi memoria. Viajábamos juntos en el tiempo y el espacio. Nos cruzábamos con peces voladores, serpientes y monstruos marinos, sirenas. Tan bellas, atractivas, seductoras. Rubias de pechos prominentes. Asomaban a sus ojos en estas historias chispazos de picardías. Siempre en ese velero surcador de aguas, hendedor de olas en osadas derrotas.
Lo imaginaba con velas desplegadas al sol. Sacudido por tormentas. Inmóvil en calmas interminables a pesar del paño completo. Anclado en alguna bahía a la espera de perfumadas cargas que llenarían su vientre. O me trasmitías los olores de comidas rancias, los densos vapores del alcohol, la brumas del humo de un tabaco barato, consumidos en remotos figones. Porque en nuestros sueños dábamos la vuelta a un mundo desconocido. Casi sin datos para imaginarlo, inventándolo. Hoy al recordar esa época creo confundir sensaciones. Porque el tiempo, la vida me han sumado subjetividades que me impiden reproducir diafanidades y purezas infantiles. Cargo con años, cultura en cantidad suficiente para deformarlo todo, y de insistir en esta línea recuerdo, arruinaría las vivencias irremisiblemente.
Hay momentos que me detengo a pensar en toda esta historia. Cuanto tiene de verdad sobre la vida de mi abuelo. Cuanto de fantasía sobre sus viaje, sobre su verdadera identidad. Como cierto orgullo familiar la sobrevaloró, la fué deformando. Las fuentes se ha secado, los testigos están muertos. Está si mi viaje a Savona, documentos, el reencuentro con el pasado con parte de los orígenes. Resultará así un relato lineal, salpicado por momentos de reflexión o de suposiciones. Donde la casualidad destino marca una inexorabilidad ineludible. Cada uno de nosotros pieza, engranaje, cumple su papel sino. Por momentos me parece contar algo que viví mucho más seguramente que no viví y al decir no vivir no me refiero a ser partícipe de una leyenda, co-protagonista, sino en modesto depositario de bosquejos, pincelazos de ella. Receptor partícipe, sobre detalles de una tradición oral formadora de recuerdos, alimentados por mi propia imaginación. Su impronta en mis sentimientos, definitiva. Cuando recuperamos las imágenes del pasado afloran emociones aparentemente dormidas,sensaciones, momentos irrepetibles.
Y al dejar de llover en esa tarde de verano,un reencuentro en la vereda para aprovechar el torrente de agua que corría junto al cordón. Los chicos hacíamos y botábamos barquitos de papel, que en parodia de navegación eran arrastrados velozmente para deshacerse, hundirse más adelante. Protagonizaban pequeñas carreras. Los veíamos alejarse empujados además por nuestras ansias de triunfo, luchando por ganar. Al depositarlos sobre esa agua sucia los bautizaba transformándolos en revivivos fieramoscas. Honor al barco de mi abuelo. Allá, en una boca de tormenta papeles, remedos de barcos. La tarde ya se transformaba en noche. Los juegos fantasías, mis fieramoscas yacían olvidados en la esquina. He rescatado de mi memoria todos aquellos barquitos y al verdadero. Me pregunto si este relato no es más que eso. Un juego fantástico, o más modestamente fantasioso, alimentando mis deseos de saber realmente quien soy, y si aquel hermoso velero, surcador de mares, hendedor de olas, parte de un pasado definidor de un futuro, no fué más que un simple barco de papel.
Ignoro, imagino, ya no existirían a bordo relojes de arena. Creo recordar vagamente que alguna vez me contaste, abuelo, tenías uno guardado en tu camarote. Medías el tiempo, tu tiempo de otra manera. A veces dabas vuelta la ampolla sin esperar el paso de toda la arena roja, apresurando un transcurrir de horas, impulsado por la impaciencia del regreso. Arena de origen misterioso, capaz, grano a grano de medir las vidas. Supe de esa tradición para contar las guardias, las tareas marineras, todo y eso era acompañado por el tañido de la campana de cubierta. Principio para las guardias, fin de las guardias. Tiempo de moroso pasar y un tañido incorporado a tu vida. Como el silbido del viento, el olor del mar, sus olas, sus tormentas, su sol. Grano a grano tu vida transcurrió, se fué deslizando. Los veías caer desde la parte superior del reloj, y al acabarse podías imaginar tu fin, comprender quien eras.
Te veo sentado con Bianca parada a tu lado y un perro a tus pies. Tu reloj de arena se agotó. El tiempo se detuvo en esa fotografía. Nadie se molestó, se tomó el trabajo de dar vuelta la ampolla.
La sangre corría por la escalera de mármol blanco, ahora teñido de rojo. Aún te veo sentado. El vaso roto de una pierna, el autor del desastre. Pálido, sereno indicando un oportuno torniquete hasta el auxilio definitivo. Piloto en tempestad irremediable. Luego nuevos traspiés. El planeta nave oscilando cada vez más. Aumentando sus rolidos, el aullido del viento. Pequeñas tormentas anunciando la definitiva. Marinero es inútil tu refugio en el camarote. La tempestad arreciará y te alcanzará donde te halles. Ha llegado la hora del naufragio.
Cuatro caballos negros. Me pregunté como serían los de mar.¿Dónde los hipocampos?. Por qué no estaban allí. Por qué un cortejo sin sirenas, sin gaviotas, sin aire salobre. Sin arenas, anclas, quillas, velas. Sin marineros , timones ni fieramoscas. Sin caracolas. Ausentes todos. Presentes en mi alma que los veía partir tras esos cuatro caballos negros. Chisporroteando herraduras en adoquines pulidos. En un mayo tibio, casi primaveral. Mi calle arbolada. Mi barrio. Sin mar.
Adiós abuelo.
Fin de la primera parte.
Veji
14 de noviembre de 2010
Zulema Aschero.
En el jardín de La Lucila, Coto, Zulema y Juanca, invierno 1961.
Casi por casualidad nos enteramos de su muerte. Revisando papeles saltó un nº de teléfono oculto en los pliegues de nuestra desidia y llamamos. Su hogar y geriátrico nos informó que por lo menos un par de años atrás había muerto. No pudieron ni supieron dar más detalles. Así con esa forma silenciosa, casi anónima desapareció de esta parte de la familia. Seguro sus sobrinas con quienes se cultivaba se habrán enterado, participado. Nosotros no ni toda la rama con quienes se trataba. Ninguno supo nada hasta que Julia y yo informamos.
La menor de las cuatro hijas del infortunado y trágico matrimonio de los tíos Ccecco y Clotilde. Ellas fueron Pochocha, Sara(Chunga), Mimito y Zulema. Ella hoy tendría unos 88 años. Con la casi simultanea muerte de los padres las chicas sufrieron su diáspora. Pochocha con sus abuelos maternos, Sara con papá y mamá, Mimito con Berto y Marieta, Zulema con Pineto y Catalina.
Dulce, inteligente, como un hada para los más chicos con su enorme habilidad manual, capaz de hacer para divertirlos desde dibujos, pinturas, juegos. Criada en un medio artístico y bohemio donde los primos Juan y Carlos se volcaban al arte, creadores del famoso grupo vanguardista Orion y con la omnipresencia del tío Antonio Gargiulo, escultor afamado, ella también dió cauce a su capacidad creativa completando los estudios en la escuela superior de bellas artes. Su carácter, la lucha por la vida para aportar primero a su hogar adoptivo y a la supervivencia después la hicieron cabalgar en una ambivalencia contradictoria, entre su enorme talento y su necesidad concreta. Alumna de Antonio Pujía volcó en nuevas obras su inspiración modeladora. Soy el privilegiado poseedor de dos de ellas. La cabeza de un joven viejo y una mano ojo de la que basé mi cuento Dios y que a ella le llegó en profundidad, hasta emocionarla, porque en el fondo la describía.
No puedo referir su vida porque no la compartí en detalle.En esta breve y sentida semblanza apelé a mi memoria, los escasos datos disponibles y sobre todo a una melancolía aflorada por la noticia. Los recuerdos que se agolpan y el deseo de compartir esta vivencia con una familia que deberá revalorizarla y que seguro en comentarios aportará lo suyo.
Ella se fué en silencio, abroquelada en su rinconcito, el que dispuso y supo construirse.
Juan Carlos, con el aporte de Julia .
Zulema, fue una persona muy cercana a nosotros, la recuerdo muchos fines de semana o domingos que venía a almorzar con nosotros, yo le mostraba mis dibujos y ella siempre me daba algún consejo. Recuerdo una noche del 31 de Diciembre que la fuimos a buscar con el 4L a su departamento , creo que en Av.Gaona o Segurola, no me acuerdo bien, fuimos por la Gral Paz, y el viejo nos mostraba el gasómetro y las vías de los trenes eléctricos con trole que cruzaban o salían de algún punto cercano al gasómetro. También la recuerdo en una visita del tío Pineto que no se si iba a Génova o volvía de allí. Una navidad se quedó con nosotros a adornar un árbol de verdad, un pino que luego plantamos en el jardín y creció enormemente, la recuerdo fabricando los adornos con cosas inverosímiles, pero despertando en nosotros la creatividad.
También cuando éramos muy chicos, quizá cuando la foto que preside este pequeño homenaje, Zulema nos decoró con un fondo marino la pared cabecera de nuestro cuarto, aprovechando unos peces de colores de cartón que, o eran secantes, o eran propaganda de algún laboratorio médico. Ese mural duró muchos años hasta que crecimos y preferimos los coches de carrera. No puedo olvidarla en esas mañanas de domingo mientras se hacían los fideos, escuchando los discos de Mercedes Sosa en el winco del living. Ya adolescente, siempre Zulema me aconsejaba sobre el dibujo y la pintura, compartíamos breves momentos pero para mi reveladores. Una vez cuando estaba en 5º de la secundaria me llevó a conocer el taller de Libero Badií, toda una tarde de aprender y de conocer a un artista argentino. Pasaron muchos años, y ya en 1985 una tarde Graciela y yo la visitamos en su departamento, hacía tiempo que no la veía, fue una tarde amena en un departamento despojado, casi vacío, sólo alguna escultura y delante nuestro una enorme carpeta. En ella Zulema atesoraba dibujos, grabados y bocetos de toda una vida. Trabajos que habían visto sólo sus maestros y ella misma, que en un momento de ruptura nos los mostraba. Yo no salía de mi asombro, todo ese trabajo, con una fuerza impresionante, con la fuerza de su corazón, tímido e inquieto a la vez. Nunca una exposición, nunca un reconocimiento, nunca el lugar que mereció, quizá eclipsada por la personalidad de Carlos o del propio Juan, sus primos-hermanos. Le dije que debía hacer una exposición que nosotros la ayudaríamos, ( incluso se lo comenté a mi viejo tiempo después), pero en su humildad ella no quería , no se sentía lo suficientemente merecedora o valiosa.
Pasaron los años, y nunca mas la ví, en 1998 cuando volví a Buenos Aires después de 8 años, intenté llamarla a un teléfono que lo viejos me facilitaron, pero nadie respondió.
Zulema a tí un pequeño homenaje en este domingo , ponemos el winco y escuchamos una de tus preferidas:
Juanca o Chichín como preferías decirme cariñosamente.
16 de octubre de 2010
Discos Antiguos del abuelo Juan Bautista Aschero
Aportado por Gustavo Gargiulo
Perdonen Por la publicidad al principio de cada canción pero es que este servidor (GOEAR) ha agregado publicidad cada vez que incluimos las canciones en los blogs.
Juanca
22 de agosto de 2010
Tesoros recuperados (fin)
corresponden al otro hermano del abuelo Juan Bautista Aschero. Se llamaba Barba Gaitán y vivía en el Tigre ; está con su primer esposa después enviudó. Sus hijos fueron Bartolo, Catalina, María y José. Luego cuando se volvió a casar tuvo otra hija llamada Anita.
19 de agosto de 2010
Tesoros recuperados
La primera foto es el hermano del abuelo Juan Bautista Aschero, llamado barba (tío) Socho, así le decían con su esposa y sus dos hijas, María la de la izquierda y Mani la de la derecha. En la otra son las dos hermanas solas.
16 de agosto de 2010
Tesoros recuperados
Estos son Aschero desconocidos. Atrás dice manuscrito Bianca Aschiero. El apellido fue siempre motivo de controversia porque se decía que Aschero era una mala transcripción cuando llegaron a Argentina. Misterio.
13 de agosto de 2010
Tesoros recuperados
Esta persona se llamaba Julia y era amiga de mamá.Trabajaban juntas en el taller de costura llamado según lo decían La Casseau.
Veji
8 de agosto de 2010
Tesoros recuperados
Pilar Linos, tía Pilar en foto de traje de novia. Se casó con Cayetano Aschero (tío Gaitanín) tuvieron 2 hijos Jorge Francisco y Carlos Alberto. La boda aún la religiosa con altar incluído se realizó en el comedor y la casa de Montañeses recién estrenada. Debe haber sido en 1929. Ella como toda su familia eran gallegos de El Ferrol. Se sumó así a otra gallega, tía Severina esposa de Luis Gargiulo (tío Negro) que era de Lugo y luego la 3º María Julia Blanco, de Pontevedra.
Veji
7 de agosto de 2010
Tesoros recuperados
Bartolomé Aschero (tío Berto) y María Scarpa (tía Marietta) su boda. Tuvieron una hija Blanca Aschero. Todos ellos murieron en La Falda donde fueron enterrados.
Veji
28 de enero de 2010
Una serie sorprendente V
1 El abuelo J.Bautista, Billy y Veji en Montañeses, fecha ?? 1931, 32.
2 Dunin, Billy y Veji en el porchecito de entrada de Montañeses, fecha aproximada 1929, 1930.
3 Veji disfrazado de cocinero , fecha ? 1932, 33.
27 de octubre de 2009
Noticiero familiar
En La Falda, sin una fecha clara murieron Mimito, hermana de Zulema, Chunga ,Pochocha ; y Blanquita, hija de Berto y Marieta. Ambas Aschero. Primas de los viejos sobrevivientes como Dunin, Billy y Veji.
8 de octubre de 2009
7 de septiembre de 2009
24 de agosto de 2009
15 de agosto de 2009
Voces de los abuelos II
Ayer 14 de agosto se cumplieron 30 años del fallecimiento de la abuela.
15 de junio de 2009
La primavera pasada...

...unos clientes habían viajado a Buenos Aires y trajeron este cuadro de Leopoldo Presas .El nombre:Muñeca brava,comprado en la galería Zurbarán.Según las inscripciones de su puño y letra,lo pintó en Paris.El marco lo hicimos en el taller...las tiras de "compo" que se ven en el medio tienen un tamaño de unos 15 cm de largo por unos 3 cm de ancho.Hay que calentarlas al vapor para poder adaptarlas a la forma de la moldura,el borde exterior y el interior están dorados con pan de oro.Grupo Orión
La muerte del pintor Leopoldo Presas ocurrida el 12 de junio me motiva a meterme de nuevo en ayer... para contarle a la familia lo siguiente.Este artista plástico tan importante y notorio como lo señalan las crónicas especializadas fué del núcleo fundador de un movimiento proveniente de la 2º vanguardia que se llamó Grupo Orión, cultivando el surrealismo.La primera exposición fué en la Sociedad Argentina de Artistas plásticos en 1939 y en Amigos del Arte en 1940.Al surrealismo lo introdujo Xul Solar y lo sucedió Antonio Berni.Lo integraron 9 pintores:Luis Barragán, Bruno Venier, Vicente Forte, Leopoldo Presas, Ideal Sánchez, Orlando Pierri, Antonio Miceli, Alberto Altalef y Juan Fuentes, y 3 escritores: Ernesto B.Rodriguez, Juan F.Aschero y Rodolfo Alegre. A Ernesto B Rodriguez lo conocí personalmente en un curso que tomé sobre escuelas y estilos pictóricos. Fué un crítico de lo mejor y respetadísimo. Estos datos se los encuentra en cualquier sitio especializado.Lo que interesa saber que todos ellos en la fundación del grupo y en su desarrollo se reunían en el sótano de la carnicería llamada Mercadito Congreso, sita en la calle Bartolomé Mitre a metros de la iglesia La Piedad y del Pasaje La Piedad.Esa enorme carnicería y frutería era propiedad del Tío Pineto y de la tía Catalina, padres de Juan Aschero, Chiquita y Carlos. Juan que allí figura como escritor también fué un muy buen artista plástico aunque la trayectoria más importante la hizo luego su hermano menor Carlos, que no integraba ese grupo.El pintor de la lista Juan Fuentes, murió tuberculoso en Cosquín y fué atendido por el Dr. Ramón Pardal, nuestro médico de familia en mi niñez y juventud. Esto es todo.
aportado por Veji.
Dedicado a Julia Gargiulo en su 16 cumpleaños.




