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1 de enero de 2014

Saludos del Uruguay

Marna2

A horas de terminar el 2013, con la familia festejamos la nochevieja y nos preparamos para recibir al año nuevo con el deseo de lo mejor para todos y el deseo que se cump0lan metas postergadas. Reciban un beso ENORME de esta familia que los quiere y recuerda siempre.

28 de septiembre de 2013

Aspectos de mi adolescencia pasada en Montevideo

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"Hace ya mucho tiempo pero alguna vez fui joven"

Si, son mis reflexiones porque la memoria insiste en hacer aparecer recuerdos e imágenes de otros tiempos, de aquellos llenos de juventud, del despertar. En parte ese asomarse a la vida que bullía en mi interior, transcurrió en Montevideo. El cruce al Uruguay era una hermosa aventura, no porque significara riesgo alguno, sino porque la imaginación abría expectativas hacia lo desconocido, en especial por el medio de transporte a utilizar.Corrían los vapores de la Carrera,el Ciudad de Buenos Aires y el Ciudad de Montevideo a hélice, el Gral. Alvear, el Gral. Artigas a rueda colocadas en babor y estribor.Viajábamos en camarotes de primera mi hermano y yo, acompañados por un mayor, habitualmente nuestro padre. Partíamos llenos de expectativas de nuestro domicilio en el automóvil del socio de nuestro padre, don Ángel Ferreiro, un Chrysler precioso, grandes faroles, capota plegable,en su interior además de los asientos clásicos, trasportines. Así llegábamos al puerto, dársena Sud, cerca de la vuelta de Rocha. El cruce también se hacía vía Colonia , de día en un paquebote más moderno, el Ciudad de Colonia. Todos pertenecían a la compañía Mihanovich. Alguna vez utilizamos esta ruta.

Pasadas las fiestas de fin de año, en plena vacaciones de verano nos íbamos para quedarnos un par de meses, en intercambio familiar con aquellos uruguayos que cruzaban a Buenos Aires  para hospedarse por importante tiempo en nuestra casa. Esos parientes, apellidados Marna eran genoveses de la rama materna. Mientras nuestros abuelos los Aschero - Lavagna se radicaron en Bs.Aires ellos al poco tiempo se afincaron en Montevideo, en el cinturón verde de la ciudad. Allí como quinteros la mayoría, luego en su propia diáspora familiar se ubicaron en distintos lugares con variados oficios. Pero el núcleo principal se situó en el Km 21, Villa García, camino a Pando. El cabeza de familia Marna, estaba casado con la hermana de mi abuela Blanca Lavagna esposa de mi venerado abuelo Juan Bautista Aschero, padres entre otros de mi madre Vicenta. Volviendo al viaje en vapor la oscuridad de la noche solamente era quebrada por la luz intermitente de las boyas señaladoras  del rumbo a navegar, y las luces propias de la nave. El río-mar sonaba con sus olas agitadas, rotas por la proa del barco, el sonar de las ruedas movidas por cigüeñales impulsadas por vapor. Esa nocturnidad misteriosa para quien la experimentaba por primera vez, indefectiblemente nos remitía al recuerdo del drama del América incendiado en un cruce de cuyo héroe Viale se encuentra su estatua en la costanera sur. Famoso por su acto de coraje y desprendimiento cuando se oyeron las palabras del capitán "sálvese quien pueda", Viale, despojándose de su salvavidas, se lo entregó a una mujer diciéndole "sálvese usted señora".

Pasada la noche entera, consumida en el cruce, durmiendo en confortables y antiguos camarotes el amanecer nos encontraba sobre cubierta para apreciar no solo la llegada al puerto, vislumbrar la silueta de la ciudad, su famoso cerro, el color del agua río-mar. El paisaje tenía un agregado inolvidable. Allí estaba semihundido, porque el lecho barroso no era profundo, el Acorazado Graff Spee. Duró años, lo fueron desguazando y sus partes sufrieron distintos destinos. En uno de mis viajes en la casa de un pariente que tenía una herrería de caballos cerca del hipódromo Maroñas me dijo, ves botija estas herraduras son del metal del acorazado.

Hecho nuestro desembarco, tranvía primero y ómnibus después llegamos a nuestro destino. Atravesamos la tranquera entrada y  se nos antojaba un largo camino bordeado por filas de árboles perfectamente alineados., llegamos a las casas. Hago memoria. una serie de casas rancho de adobe, techo de paja, piso de tierra. Una gran cocina, un quincho que se lo usaba de comedor donde nos sentábamos a comer el grupo familiar, los peones, nosotros y algún visitante ocasional. Tenían un horno para hacer el pan, elaborado  2 o tres veces por semana por un miembro de la familia llamado Manuel esposo de Josefina Marna. Una construcción de material, en ella un baño para ducharse con una lata colgando, en general llena de agua fría y con el jabón blanco marca Bajo . Un gran galpón, nuestro refugio en los días de lluvia. Había una máquina de desgranar choclo,  herramientas,cajones donde se embalaban los  frutos de la quinta que iban al mercado central de la ciudad en un camión Ford A. Lo conducía y comerciaba Gaitán Marna. Lo recaudado era entregado religiosamente a la madre, la Lala Marna.

Disponían de un automóvil también Ford A, bicicletas, con una de ellas hicimos Mingo Marna y yo largas giras que me dejaban muerto por pedalear entre las clásicas cuchillas del campo uruguayo. Mi hermano y yo también paseábamos con una carreta destinada a cargarla con lo que se iba cosechando. Con dos bueyes, Madruga y Temprano tostados con manchas blancas los uncíamos al yugo atándolos con tientos y luego con una caña picana los conducíamos con voces y si queríamos doblar a la izquierda con una soga atada a la oreja izquierda del buey del mismo lado,tirábamos de ella. Para girar a la derecha al mismo buey, también en su anca del lado izquierdo lo picaneábamos.Con esos mismos bueyes pasábamos la rastra en los lotes que habían sido preparados y abonados con guano  llevados en bolsas. Con ellos también se araba con con una sola reja, también se usaba un caballo y un buey grandote blanco y negro llamado Contento, pero sin yugo sino con un arnés en el pecho. En la descripción de todo este grupo habitacional  separado existía un almacén depósito donde se guardaban dulces, conservas etc., frascos llenados como resultado de la laboriosa labor de Cecilia, esposa de Mingo,. Vecino al galpón la bomba de agua donde íbamos a llenar unas latas redondas preparadas al efecto. El mencionado Mingo uno de los Marna del que tengo un imborrable recuerdo. El me enseño maravillas y secretos de la naturaleza que se brindaba a nuestros ojos sin saber verlos. Nos explicaba el progresismo del Uruguay en manos de los colorados, vencedores en la guerra civil con los blancos, Algunos peones eran seguidores de su líder blanco Aparicio Saravia, que tiene un magnífico monumento. Mingo fue el objeto de mi indeleble admiración. Nuestro primer y luego sucesivos contactos con ese ambiente hizo nacer en mi hermano y en mí de la pura experiencia lejos del confort al que estábamos habituados, otro confort natural, limpiándonos los pies sucios en el piso de tierra antes de acostarnos., la presencia de arañas, el baño retrete, la comida una delicia natural, simple. Repito sobre todo la gente. Todos  buenos, amables, cariñosos, solícitos. El paisaje lleno de ondulaciones, sus famosas cuchillas. El roncar de los motores impulsores de camiones cargados y trepando desniveles a base de un combustible llamado gasógeno, gas de carbón. No había nafta, estábamos en la 2º guerra mundial Inolvidables los mates cebados con yerba Sara.

Allí y así transcurrían nuestros días juveniles en tierra trabajada, parvas acumuladoras de alimentos para los animales. Vacas lecheras que aprendimos a ordeñar, y cada tanto un viaje a la capital a pasear, cruzándonos con marinos ingleses en guerra con sus trajes de verano. Tomar algo en el famoso café Tupínambá, comer el inigualable postre Chajá. A pesar de ser menores probar el guindado uruguayo, el mejor, una delicia que a nuestro regreso debíamos llevar a casa como un gran recuerdo y un gran presente. Las noches de carnaval con sus corsos divertidísimos, las atractivas muchachas que de una forma u otra removían, hasta por simple presencia y actitud nuestros ocultos nacimientos hormonales. Algunas excursiones a Piriápolis, Atlántida o la Paloma fueron otras tantas razones para alimentar nuestros recuerdos. Los partidos de futbol en el estadio Centenario. Allí vi a la selección uruguaya disputando con la argentina un partido a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. y a River con Nacional, que tenía una delantera fenomenal. Wing derecho Castro, Centro delantero Atilio García,argentino radicado, y Zapirain. La fórmula era centro de Castro, gol de Zapirain.

Y  así pasaban los días de verano hasta que llegaba el fin de las vacaciones, el regreso, el aprestarse a reiniciar nuestro período de estudios en el colegio secundario.

No puedo dejar de recoger velas  en este relato sin mencionar seguro con nombres olvidados a todos aquellos con los que compartimos hospitalidad, vida, experiencias. La familia Marna, la Lalita hermana de mi abuela Lavagna Aschero, ella Lavagna Marna Sus hijos en la quinta Gaitán, Mingo, Josefina, Margarita, Sus esposos y esposas, Cecilia, Pina, Pedro, Manuel. Alfredo un muchacho como si fuera de la familia.Los chicos, Argentina, Nery, Rubén. Luego se agregaría Enrique pero no estaba en esa época. Casi ninguno vive pero todos ellos y es bueno reiterarlo han sido parte fundamental como ya lo afirmé de nuestras vidas, no solo juvenil sino en el transcurso de ella hasta aquí

A ese feliz pasado, seguro de plagados de imprecisiones y más de alguna inexactitud solo puedo evocarlo con una feliz melancolía.

 

Veji

13 de agosto de 2010

Tesoros recuperados

 

En la foto: Domingo Marna y María Lavagna (hermana de la abuela Blanca)

Acá tengo esa misma foto que siempre estaba en alguna pared en Juanicó. Ratifico nombres: el abuelo Marna era Domingo, la abuela Lavagna era
María, tío Benito era casado con Angela Pérez, tía Josefina Blanca con Manuel Pérez (los Pérez eran medio hermanos por el lado del padre),
Gaitán (que era Andrés) casado con Pina (Josefina Esoin), María casada  con Agustín Fustero, papá Domingo casado con mamá Cecilia Gastaldi,
Margarita Vicenta casada con Pedro Gastaldi (mamá y tío Pedro eran  hermanos), María Angela (Angelita) casada con Adolfo Sardi.- 

Bien: Argentina y yo hijos de Mingo y Cecilia,  Nery y Ruben hijos de Gaitán y Pina ,Adolfito (Adolfo Antonio) y Yolanda, hijos de Angelita y Adolfo .
Quedamos vivos, además de Cecilia -que cumplió 95 el 2/8- Nery, Yolanda y yo. Yolanda (Yolita) es jubilada, es Doctora en Química,
estuvo hasta hace poco en el Consejo de la Facultad de Química como consejera del orden docente.
Nery Tiene 2 hijas, Silvia y Alba Morales (ambas divorciadas) con 2 y  3 hijos respectivamente ,Yolanda no tuvo hijos, pero tiene 4 sobrinos hijos de Adolfito
Myriam Villanueva y yo tenemos 2 varones Bruno (25) y Renzo (23) ambos estudiantes el primero de Arquitectura y el segundo de Relaciones
Internacionales. Según ellos falta poco para terminar...
Y por ahora creo haberte dado un panorama del árbol familiar

Enrique Marna

Foto aportada por Sandra.

25 de octubre de 2008

Trabajo para Tio Juan Carlos


Tio sabes quienes son???

2 de agosto de 2008

Trabajo para Tio Juan Carlos


Contanos......
Aparece la abuela Blanca en Montañeses en medio de una pareja. Esa es la hija de Angelita Marna con su marido hoy una anciana y respetada profesora uruguaya.

1 de agosto de 2008

Trabajo para Tio Juan Carlos



Recuerdos de nuestros viajes al Uruguay. Tiempo 1941-42. Pleno verano. Cruzábamos el Río de la Plata en el vapor de la Carrera, de la compañía Mihanovich. Los vapores en ese tiempo eran el Gral Alvear, el Gral Artigas ambos propulsados a ruedas laterales y el Ciudad de Buenos Aires y el Ciudad de Montevideo, más modernos y lujosos. El de Bs Aires se hundió luego de un choque años después de lo que cuento. Partían de la dársena sud a eso de las 22 horas y llegaban a Montevideo entre las 7 y las 8 de la mañana. Regresaban con igual horario.Viajábamos en 1º clase en hermosos camarotes. Lo hacíamos, mi hermano y yo, menores de edad en compañia de papá quien nos dejaba y regresaba a casa. Permaneciíamos unos 2 meses, lo que duraban las vacaciones en el receso escolar. A la entrada de Montevideo nos topábamos además de su bello paisaje, su agua casi mar, con la obra muerta del Ad.Graff Spee, semi hundido en el fangoso lecho. Desembarcados, luego con un ómnibus camino a Pando bajábamos en el km 21 Villa García. Y por un camino de tierra y pasto, bordeado por eucaliptus llegábamos a la casa de los Marna.Una numerosa familia cuya cabeza Domingo Marna había muerto y quedaba su esposa, Lalita, hermana de mi abuela Blanca Lavagna.Creo que su nombre era Marietta. Precisamente nos aguardaba nuestra abuela quien se nos adelantaba en compañía de su hijo mayor Benito, padre de Juan el bandoneonista , Miguel y esposo de la tía Juana. Cuando finalizaba nuestra estadía regresábamos con esos barcos y a veces por vía Colonia, en ómnibus primero, de allí lo del puente sobre la Barra de Santa Lucía, lugar de agua dulce de donde se surtía la ciudad de Montevideo. En Colonia tomábamos un moderno paquebote llamado Ciudad de Colonia, de la misma compañía. Billy y yo dormíamos en un rancho de barro y paja con piso de tierra.Todas las construcciones eran así menos la casa principal, con baño incluído y ducha, un tanquecito con agua fría que cargábamos bombeando. Nuestra rutina era algún ordeñe, pasar la rastra por los lotes a plantar con el fin de esparcir y mezclar el guano como abono.Uncíamos la yunta ce bueyes llamados madruga y temprano, para su conducción al igual cuando los uncíamos a una carreta para pasear por el campo. era muy simple. Con tientos los atábamos al yugo y el buey de la izquierda tenía atada en su oreja una cuerda -soga cuando queríamos doblar para la izquierda bastaba tirar de la soga. Para la derecha en el anca de la izquierda de ese mismo buey, entrenado se lo picaneaba con una caña larga con una punta medio mocha. El viraba a la derecha y su compañero lo acompañaba. Para arrancar o frenar solamente con voces. Había otro buey más grande que trabajaba solo para arar, llamado Contento, lo manejaba el marido de Josefina, llamado Manuel. No usaba yugo sino una especie de pechera de cuero y madera, con la cabeza libre. Era notable ver la simbiosis, el entendimiento que existía entre el hombre y el buey, puro diálogo y obediencia. Además de esas tareas propias de una quinta de verduras y otros productos del campo que regularmente llevaban al mercado central de la ciudad, todo en cajones sobre un camión Ford A, conducido por Gaitán. Después contaré como se componía la familia Marna. De la venta vivían todos, familia numerosa y por lógica muy trabajadora ayudados por un par de peones. La extensión de la tierra sería allí unas 20 hectáreas y luego, cerca de Villa García tenían otro algo más chico.Todo arrendado. Pasados los años debieron mudarse a Durazno, ya bastante viejos y diezmados donde compraron unas 16 o 18 hectáreas. Pero lo que cuento se refiere exclusivamente al km 21. Se almorzaba o cenaba debajo de un quincho con tablones sobre caballetes bancos largos y todos , incluídos los 2 peones. El desayuno en una gran cocina de leña. En los días de lluvia, los más aburridos desgranábamos con una máquina a manija choclos. Nuestra estadía, ademàs de lo contado se componía de paseos a Montevideo en especial durante los carnavales, muy divertidos.Tambien ibamos a las playas de Carrasco, Ramirez, Piriápolis y hasta la Paloma. También concurríamos al estadio Centenario a ver partidos de fútbol. Allí ví a Nacional, Peñarol, algunos amistosos y a la selección argentina frente a la uruguaya en un partido a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. Como era época de guerra y faltaba combustible el transporte, sobre todo los camiones algunos automóviles, funcionaban a gasógeno, gas generado por la combustión en el momento de carbón. En la quinta una de las cosas que màs nos gustaba era ver a Manuel amasar el pan casero y cocinarlo en un gran horno de campo. Para nosotros, en nuestra adolescencia era la estadía un regalo mágico que nos hacía la familia. Nos marcó con recuerdos indelebeles por la experiencia, inclusive en la tarea campesina la calidez y el cariño de esa enorme y añorada familia Marna. A ellos los evoco con imborrable nostalgia.
Composición de la familia Marna. Domingo Marna y Lalita Lavagna (Marietta), hermana de la abuela Blanca Lavagna Hijos Benito Marna casado con Angela. Carnicería en Montevideo. Gaitán Marna casado con Pina cuyos hermanos trabajaban de crupiers en el casino de Carrasco que gracias a ellos pudimos conocer a pesar de ser menores de edad.Tuvieron dos hijos. Neri , aún vive, y Rubén muerto trágicamente en un accidente , electrocutado en la escuela técnica donde concurría. Domingo Marna hijo esposo de Cecila, padres de Argentina, esposa de Carlos hijo de tío Gaitanín y tía Pilar. Argntina se suicidó y Carlos el médico murió . Y el otro hijo Domingo que es escribano y ejerce en Montevideo, tiene hijos . Su madre Cecilia aún vive y hoy 2 de agosto cumple años. María Marna casada con un herrero de caballos llamado Agustín. El me contaba que usaba metal del hundido barco alemán.Vivián por lógica cerca del hipódromo de Maroñas. no tuvieron hijos Josefina, casada con Manuel . no tuvieron hijos. Margarita Marna casada con Pedro hermano de Cecilia, no tuvieron hijos. Angelita Marna casada con un tal Adolfo, tuvieron dos hijos, nena y nene. De todos ellos que yo sepa han muerto: Domingo, Lalita, Benito, Angela, María, Agustín, Mingo, Cecilia vive, Gaitán, Pina, Neri vive, Angelita y Adolfo y su hijo Adolfito muertos, su hermana Angelita todos nombres repetidos vive. Argentina muerta, su hermano vive.
Veji